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A
Rogelio Salmona
Con la aparición de las ciudades, hace
varios milenios en Asia, se cambió la eficacia de cilindros y conos para
contener espacios habitables, agrupados en pequeñas aldeas, por paralelipípedos
rectangulares que se acomodan mejor dentro de sus densos recintos amurallados,
formando sus manzanas y calles. Entonces se descubrieron esas plazas y
patios maravillosos, regalos del cielo, al decir de los viejos chinos,
y pequeños mundos que desde aquella remota época permiten ver el infinito
y aislarse del infierno, que como se ha dicho y repetido y se sabe son
los demás. Patios y plazas cimentados como dice Jorge Luis Borges "en
las dos cosas más primordiales que existen: en la tierra y el cielo."
Hay patios en casi todas las culturas y épocas. "Lindo es vivir en la
amistad oscura / de un zaguán, de un alero y de un aljibe" insiste Borges.
Al Occidente pasaron a través de los imponentes espacios exteriores del
templo egipcio y el zigurat mesopotámico pero tambien de los pequeños
patios simplemente domésticos, de los muchos y variados del Palacio del
Rey Minos en Knosos y por supuesto de los atrios griegos. Se consolidaron
con el impluvium romano y los atrios bizantinos y tuvieron
su esplendor en los claustros medievales. Después vendría el cortile
de los palacios renacentistas italianos y el cour y
el court de franceses e ingleses. En Al Andaluz los moros,
viniendo del desierto, los llenaron de agua y vegetación y huríes de verdad,
pues para ellos eran representaciones del edén. Jardines paradisíacos
que se desarrollaron en la arquitectura islámica preclásica a partir de
arquitecturas antiguas. Terrenos cuadrados y divididos en cuatro partes
iguales por senderos elevados que se cruzan e irrigados y con albercas
radialmente simétricas, también elevadas, como los que fueron construidos
hacia el 950 en el palacio de Medina Azahara, durante el Califato de Córdoba.
Casi todos estos elementos, aunque dispuestos con mayor libertad, pueden
hallarse en los jardines de Pompeya y particularmente de Herculano, donde
el espacio conocido como "la Palestra" tiene una alberca cruciforme elevada,
con otras transversales en los extremos de los brazos de la cruz. Otros
antecedentes directos se hallan en los jardines de la ciudad romana de
Volubilis, en el actual Marruecos.
El cahr bag o jardín cuatripartito como símbolo del Paraíso,
aceptado antes por los persas, se había desarrollado en los jardines palaciegos
sasánidas, y los jardines de los palacios helénicos en Antioquía y Alejandría
eran también parangonados con paraísos. Esta idea fue transmitida a los
romanos, que designaban el Triclinium de la residencia de
Domiciano, en el Palatino, como la Sede de Jove. Sin embargo, parece más
probable que fueran las villas romanas o bizantinas próximas a Damasco
o sobre la costas de Palestina, las que sirvieron de modelo a los príncipes
Omeyas, quienes introdujeron estas ideas en el sur de la Península Ibérica
en donde se volvieron deslumbrantes patios. La extensa proliferación de
estos jardines que más tarde se produjo en todo el mundo islámico, su
continuada asociación con el Paraíso y su aplicación a tumbas como el
Taj Mahal, en Agra, son la supervivencia de una forma y un significado
que se remontan al siglo III a.C. Ningún aspecto de la arquitectura occidental
presenta una continuidad tal.
Cuando a Santa Teresa de Ávila le tocó la misión de fundar conventos carmelitas
en Al Andaluz, allí comenzaba la tierra de infieles, la morería y la tibieza
y dulzura de la lascivia; la música de surtidores y laudes y el perfume
de los azahares, que adormecen los sentidos. En fin, las huríes. Sus hermanas
de religión le escribieron para darle fuerzas, expresar su angustia y
hacerse solidarias con sus penurias. Ella contestó, de manera clara y
contundente que de qué se preocupaban si "tenemos un cielo en el patio";
el cielo azul de Al Andaluz nada menos. Tal vez por eso Borges, que lo
sabia todo, o se lo habían contado cuando ya estaba ciego, como el dice,
dice que por el patio "Dios mira a las almas [pues] es el declive por
el cual se derrama el cielo en la casa."
Los Mayas habían ya abierto las esquinas de sus patios a más patios, y
en algunos conventos mexicanos los arcos finales avanzan hasta el muro
de la galería y de donde se cruzan cuelgan los extremos de unos arcos,
iguales a los intermedios, formando insólitas esquinas sin soporte, antecesoras
coloniales de las postmodernas de la Casa de Huéspedes Ilustres de Colombia
en Cartagena (1978-79) de Rogelio Salmona. En Kutná Hora Kilian Ignaz
Dietezenhofer partió el claustro del monasterio de las Ursulinas (1743-45)
justo por una de sus diagonales para levantar la iglesia, formando dos
barrocos patios triangulares que de seguro conoció Louis I. Khan para
poder hacer los del convento de las Hermanas Dominicas en Media, Pennsylvania
(1965-68). La torre del Homenaje de Chambord penetra en el gran patio
del castillo (1519-47) transformándolo de igual manera que los dos pabellones
que avanzan en el Patio de los Leones de la Alhambra (1338-90) lo acercan
a un solo cuadrado cuando es exactamente la suma de dos, lo que le concede
junto con el agua, la vegetación que ya no tiene y la complicada matematica
de sus intercolumnios, esa magia que para nuestra fortuna trajeron los
españoles al Nuevo Mundo. Erik Gunnar Asplun ocupó con su biblioteca cilíndrica
de Stockholm (1920-28) todo el patio cuadrado del edificio mucho después
de que Pedro Machuca, en Granada, sorpresivamente construyera uno circular
para el Palacio de Carlos V (1527-68), cilindro vacío que, sin la galería,
logra nuevas y diferentes emociones en la sede del Automóvil Club de Colombia
(1971-73) y de manera sobresaliente en el Archivo General de la Nación
(1988-89) ambos proyectos de Salmona en Bogotá. Y en Salamina, Colombia,
hay uno vernáculo en cuadro, como casi todos, pero uno de sus lados, conformado
solo por el tejado, está totalmente abierto al paisaje.
La construcción tradicional en Hispanoamérica, como muchas otras, sobre
todo las herederas de Roma, es de claustros y patios; cerrados en ciudades
y pueblos y abiertos en haciendas y casas campesinas, en los que dos y
hasta tres de sus lados son muros de tapias o bajos vallados de piedra
e incluso simples cercas de guadua, a veces cruzados por sonoras acequias.
Y lo mejor de su arquitectura actual tambien lo es de patios, sobre todo
algunas casas de Salmona (y, si, alguna otra) memorables por sus patios
y terrazas. En Colombia hay un municipio en Santander que se llama Patiocemento,
Patiobonito es el nombre de un barrio en Medellín y de muchas veredas
de la Sabana de Bogotá, y el de la finca en Santa Rosa de Osos de los
tatarabuelos de Andrés Dario Calle, otro profesor interesado en estos
temas, es Patiobrujas. Los que piensan que ser contemporáneo es cambiar
lo tradicional por las imágenes de moda de las revistas no entienden que
casi siempre solo es posible y deseable la recreación de lo existente
y que muy rara vez se logran verdaderas innovaciones; o se necesitan.
En tanto que las leyes físicas que regulan la construcción de espacios
en el pla-neta y las características biológicas del hombre, que determinan
su uso y apreciación, no cambien, solo son viables las plantas central
y a naves, tan estudiadas por el profesor Noel Cruz en la Universidad
del Valle, que corresponden a las dos únicas maneras de generar sólidos
en la geometría clásica; y por supuesto sus muchas variaciones y combinaciones,
entre ellas, la más importante: los patios. Formados por naves independientes
(como casi siempre en las haciendas del Valle del Alto Cauca en Colombia)
o por una sola que se acoda varias veces cerrando el perímetro (como en
los claustros de Europa y América toda), en ade-lante sólo ha sido posible
una verdadera creatividad como se ve en la numerosa y variada arquitectura
de patios que existe. Sus acentos son varios: patios, cercados (de cercar
), claustros (de claudere, cerrar), atrios (de atrium ),
y pueden ser parciales o completos y aunque casi siempre son total o,
la mayoría de las veces, aproximadamente rectangulares, no faltan los
triangulares y circulares, como se ha visto, pero son muy escasos, y en
general los intentos de cerrarlos con formas compuestas han fracasado.
Mientras que Mies van der Rohe dejo los "descompuestos" del Pabellón de
Barcelona en el viejo continente, Le Corbusier, que en el convento dominicano
de S. Marie-de-la Tourette (1957-60) no quiso evadir el claustro pero
se "elevo" sobre él (hacia el cielo cabría pensar), en otra más de sus
seductoras propuestas creyó que con unidades verticales de vivienda, como
la de Marcella (1947-52), era posible no solo aumentar la densidad y liberar
áreas verdes sino cambiar los patios de los horizontales barrios tradicionales
por balcones de doble altura de apartamentos que así, en lugar del firmamento,
podrían mirar sencillamente, como en el campo, el mas mundano paisaje
circundante. Idea a la que Alvar Aalto se anticipó en las viviendas retranqueadas
para la factoría de Sunila (1936-38) y que desarrolló luego en el
edificio de apartamentos en Neue Vahr, en Bremen (1958-62) abanicándolos
a lo largo de la curva que recorre la vista, y que en Colombia se concretó
en los apartamentos del Polo (1960-62) y de manera espectacular y lograda
pero única en Las Torres del Parque, proyectos ambos de Salmona en Bogotá,
el primero de ellos con Guillermo Bermúdez.
Más el sueño derivó en pesadilla: los especuladores inmobiliarios y la
insensibilidad de sus compradores nos llenaron de sosos edificios que
no forman calles ni dejan zonas verdes, y que se espían unos a otros sin
cielos ni pequeños mundos ni paisajes; solo culatas e infiernos por todos
lados de los que hay que aislarse cerrando balcones, si los hay, y poniendo
cortinas para no ser vistos. Centros hechos de indecisión como dice Borges,
llenos de "casas de altos que hunden y agobian a los patiecitos vecinos,
con su cariño de árboles, con sus tapias..." Muchos habitantes de las
tierras calientes de Iberoamérica, donde los patios son óptimos (como
lo siguen siendo en Mompox o Cartagena, patrimonio ambas de la humanidad
pero ejemplos ignorados por los colombianos), cambiaron sus casas de silenciosos
y frescos patios tropicales por mezquinos apartamentos aduciendo problemas
de mantenimiento y seguridad, que no solucionaron, pero perdiendo su intimidad
y sometiendose al ruido de la calle por estar expuestos directamente a
ella, y sin garantías de conservar unas vistas que pagaron caro. Eso si,
con aire acondicionado y Tv para admirar las bellas y amables ciudades
de manzanas, calles, plazas y patios del mundo, muchas precisamente en
lo que queda de Hispanoamérica.
Nota
1
Una primera versión de este texto, más corta, fue publicada en la columna
¿Ciudad? de El Pais de Cali el 17 de mayo de 2001.
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Casa Rio Frio, Rogelio
Salmona

Casa Rio Frio, Rogelio
Salmona © Revista
Arquitecturas, Colômbia / Foto Xiomara Mojica

Casa Rio Frio, Rogelio
Salmona © Revista
Arquitecturas, Colômbia / Foto Xiomara Mojica

Casa Rio Frio, Rogelio
Salmona © Revista
Arquitecturas, Colômbia / Foto Xiomara Mojica

Casa Rio Frio, Rogelio
Salmona © Revista
Arquitecturas, Colômbia / Foto Xiomara Mojica
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