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No
es tanto la crisis de la arquitectura en el país después
del embate del posmodernismo sino, además, la de su práctica.
Es la peor desde que se volvió tambien aquí una profesión
liberal, a comienzos del siglo pasado, reemplazando su muy eficiente práctica
artesanal de tradición colonial. Pero no solo es debida a la paralización
de la industria de la construcción, especialmente en Medellín
y Cali, sino que es estructural y como todo ahora, global.
Dice Rem Koolhass
(2) que su ejercicio en China, donde hoy se construyen la mayoría
de los edificios del mundo, tiene los honorarios mas bajos y los plazos
mas cortos que hayan existido, pese a que se trata de grandes edificios.
Allá los arquitectos no tienen oficinas y todo se hace desde diversos
lugares con sub contratistas mediocres seudo especializados, computadoras
e internet. Piensa que esta manera de hacer las cosas llegará a
Europa en 20 años. Aquí, donde todo llegaba tarde, ya llegó,
pero con la notable diferencia de que el trabajo de los arquitectos es
cada vez menos y en Cali prácticamente inexistente y sin perspectivas
de que vuelva a ser como fué.
Pero en cambio pululan las escuelas de arquitectura: más de 35
aprobadas y en total cerca de 60, la mayoría recientes y con profesores
improvisados entre estudiantes recién graduados, no siempre los
mejores, sin experiencia docente ni profesional. En ellas se matriculan
cientos de jóvenes ilusos o que buscan el atajo de los programas
de arquitectura, a los que se ingresa fácilmente y poco exigen,
para ser "doctores" lo que ayuda en esta sociedad hasta para
manejar taxi, que es lo que muchos terminan haciendo cuando descubren
que no hay trabajo para tantos arquitectos. Ya son 34.000 los graduados
en el país, según estima la Sociedad Colombiana de Arquitectos:
uno por cada mil y pico de habitantes.
Las mejores escuelas no se han apersonado del problema. No diversifican
sus programas y con excepción de algunas, entre ellas la Nacional,
solo tímidamente comienzan algunos posgrados. No han cambiado sus
métodos de enseñanza y ni siquiera entrenan a fondo a sus
estudiantes en el diseño con computador, pese a que es lo único
que les permitirá trabajar en su campo cuando terminen. Aunque
más de la mitad de los arquitectos que ejercen en el país
se dedican a la construcción, por ejemplo, apenas existe el programa
en dos universidades.
Por supuesto hay cosas por hacer: obligar a que se cumpla la ley para
que todos los edificios y espacios públicos sean diseñados
por concurso, y motivar a los inversionistas para que los privados tambien.
Exigir estudios de posgrado a todos los profesores, o comprobada y larga
experiencia, para que las escuelas sean aprobadas. No permitir la práctica
sino a aquellos arquitectos que cuenten con experiencia previa documentada
en oficinas existentes y reconocidas y pasen un examen de estado. Se puede,
tambien, actualizar el oficio uniéndolo al de otros profesionales
en centros de trabajo y de prestación de servicios a la profesión,
la construcción, la industria y los municipios. Y, sobre todo,
hay que cambiar su enseñanza, como ya lo está haciendo la
Escuela Internacional de Arquitectura y Diseño Isthmus en Panamá.
La gran arquitectura volverá a ser tambien aquí un arte
de minorías para los más talentosos, que luchan duramente
por ser reconocidos, como lo es en Japón, Europa y Estados Unidos.
Para ellos sí que será cierto, como decía H. H. Richardson,
que la primera ley de la arquitectura es conseguir el trabajo. La práctica
profesional quedará para las grandes oficinas internacionales,
que ya entraron al país. Las construcciones comunes y pequeñas
serán de diseñadores anónimos y baratos, como en
China, en donde, advierte Koolhaas, lo característico de su arquitectura
actual es su absoluta falta de calidad; como pasa en Cali hace rato.
Notas
1
Articulo da columna ¿Ciudad?, El Pais, Cali, Colombia.
2
KOOLHAAS, Rem. Mutations, Harvard Project on the City.
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Sociedad Colombiana de Arquitectos, Bogotá, 1962-73. Arquitecto
Rogelio Salmona

Porta del Istituto Universitario di Architettura di Venezia. Arquitecto
Carlo Scarpa

NAi – The Netherlands Architecture Institute, Rotterdam, 1993. Arquitecto
Jo Coenen
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