| La
transformación territorial de la costa atlántica bonaerense
fernando
aliata
El
libro de Perla Bruno y Carlos Mazza avanza sobre un campo todavía
muy poco estudiado y no por ello menos significativo: la transformación
territorial de la costa atlántica bonaerense. Un área que tiene
su epicentro en Mar del Plata pero que, como plantean los autores,
abarca operaciones de reorganización del paisaje marítimo de más
vastas proporciones. Ambos investigadores pertenecen al grupo
de historiadores del CEHAU de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo
y Diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata que dirige
Fernando Cacopardo y que en los últimos años ha producido una
importante serie de trabajos sobre la historia urbana regional.
Las investigaciones ya realizadas por los miembros del CEHAU revelan
un riguroso empleo de las fuentes y una renovada utilización de
metodologías para el abordaje de esta vertiginosa historia de
la conformación de un territorio singular, cuyo crecimiento durante
el siglo XX es una de las manifestaciones más significativas de
la expansión de la cultura moderna en la Argentina. Estos trabajos,
en general, plantean un cambio dentro de las categorías habituales
de análisis que transita la historia urbana. En ese sentido la
invención de la playa, los desarrollos alternativos de la cuadrícula,
la construcción del paisaje costero, la evolución de las políticas
de turismo, las transformaciones de la cultura del ocio, aparecen
como constantes pero a la vez como elementos innovadores en las
investigaciones del grupo. Dentro de esta producción, la singularidad
del trabajo de Bruno y Mazza radica en destacar la importancia
que tuvo en la configuración de la región costera el fenómeno
de la construcción de un paisaje que, organizado fundamentalmente
a partir de las políticas estatales desarrolladas durante los
años ´30, fue caracterizando la zona y permitió la materialización
dinámica de una imagen que aún hoy la caracteriza. Un paisaje
que combina las condiciones previas naturales con las artificialmente
concebidas y cuya construcción material e intelectual los autores
describen meticulosamente.
El
libro, que cuenta con una interesante introducción de Roberto
Fernández quien analiza los instrumentos conceptuales utilizados
en la investigación, se divide en un par de capítulos introductorios
en los cuales los Bruno y Mazza detallan el marco natural de la
región y las características de las primeras urbanizaciones realizadas
a fines del siglo XIX y un corpus de cuatro capítulos, dos por
autor, que abarcan dos etapas diferenciadas: la de la acción del
Estado sobre el territorio a partir de su burocracia técnica y
la implementación de una normativa durante las décadas del ’30
al ‘50, y la de la acción de los municipios a partir de la instrumentación
de planes reguladores entre 1958 y 1965. Perla Bruno aborda en
la parte inicial de su escrito los primeros planes realizados
por el urbanismo científico a partir de los años ´30. Fundamentalmente
compara los de Montevideo, Rosario y Mar del Plata y destaca la
centralidad que en estas formulaciones adquiere el nuevo verde
público como estrategia de organización territorial. En el capítulo
siguiente Bruno analiza la transformación del paisaje regional
en función de las políticas desarrolladas por el Estado provincial
y nacional durante el período 1930-52. Una acción que confirma
el rol superlativo que alcanza el espacio verde publico como articulador
y organizador de la escala territorial del Plan. La ampliación
de la red caminera y la construcción de un paisaje carretero,
la creación de bosques artificiales para contener las dunas marítimas,
el sistema de parques provinciales y las áreas de verde deportivo
aparecen claramente evidenciados como instrumentos de esas políticas.
Colonias de vacaciones, expropiaciones de áreas
que arboladas sistemáticamente puedan servir como futuros parques
turísticos, construcción de hoteles hosterías y parques para la
preservación del patrimonio histórico y natural, son acciones
de escala territorial que modifican profundamente el paisaje. Pero no sólo debe destacarse el
valor que la ideología del urbanismo moderno ha adquirido en estas
realizaciones; lo que los autores también descubren en este accionar
es el cambio de paradigma en la manera de abordar el paisaje.
La existencia, ya para los años 30, de formas diferenciadas de
establecer una relación cultural con la naturaleza. De un primer
momento en el cual existe una conciencia de que esta necesaria
transformación territorial produce una destrucción de las características
naturales, se pasa a una etapa en la cual se construye una mirada
cultural sobre la naturaleza local, y en eso –cabe señalarlo-
la periodización de los autores coincide con la formación de los
paisajes argentinos estudiada por Graciela Silvestri (1) a partir
de la incorporación al imaginario estético de la “gran dimensión”
y el carácter sublime de la naturaleza nacional. Finalmente Bruno
nos presente una tercera etapa en la cual surge con claridad la
idea de que el paisaje puede construirse pragmáticamente allí
donde se lo necesite y con las características que se le quiera
otorgar de manera artificial. Esta etapa, propia de la edad del
turismo masivo, contrasta con las primeras aproximaciones pintorescas
que encontraban en la singularidad de Mar del Plata con su conjunción
de mar y sierra, la posibilidad de construir un micropaisaje acotado
frente al vacío pampeano cuya consideración como paisaje turístico
estaba lejos de ser abordada. En ese sentido, analiza el complejo
de Chapadmalal como creación ex
novo que exalta el valor paisajístico del arroyo e incorpora elementos pintorescos como la capilla que remite a los
ya consagrados modelos del sur argentino. Por último la autora
examina la arquitectura realizada y observa que puede leerse en
función de su adscripción a una idea de paisaje determinado, y
esto le sirve para caracterizar las diferentes propuestas arquitectónicas
del período que van del Pintoresquismo al Racionalismo. Pero también
esta clasificación de ideas de paisaje conjugadas con estilos
arquitectónicos le sirven para verificar la simultaneidad contrapuesta
de ideas evidenciada en la realización contemporánea del complejo
hotelero de Chapadmalal y la urbanización de Playa Serena donde
se erige el parador Ariston.
En
los dos capítulos siguientes Carlos Mazza aborda el rol del paisaje
en las diversas doctrinas del urbanismo del siglo XX, para luego
centralizar su análisis en los planes regionales del área costera
de la provincia de Buenos Aires realizados entre fines de los
años ´50 y comienzos de los ´60. Lo interesante de su trabajo
está en la demostración del modo en que los urbanistas locales
se apropian pragmáticamente de aquellos contenidos de las teorías
de le Corbusier o del plan de Londres, para citar sólo dos ejemplos
bien diferentes, para utilizarlos luego en la construcción de
planes reguladores. Nuevos instrumentos que no sólo evidencian
las posibilidades del urbanismo, sino que confluyen con la legislación
y las hipótesis ya elaboradas por los técnicos del Estado provincial.
El análisis los tres planes reguladores regionales elaborados
durante el período de estudio: General Pueyrredón, General Madariaga
y Batán – Chapadmalal presentan una posible y convincente narración
acerca del modo en que evoluciona la idea de paisaje durante la
vertiginosa etapa de crecimiento regional que el trabajo aborda.
Mientras el plan para el partido de General Pueyrredón plantea
una búsqueda simultaneidad de opciones paisajísticas derivadas
de un conjunto urbano complejo y estratificado, el plan para general
Madariaga busca la homogeneidad y la construcción de una identidad
a partir del Parque Marítimo y finalmente el plan para Batán-Chapadmalal
que intenta asignar sentido de lugar a un área singular dentro
de la micro región marplatense.
Lo
que asombra al leer el libro, construido a partir de la paciente
lectura y análisis de muchas fuentes inéditas, es el rol que asume
el Estado en la construcción del paisaje. Cómo, al menos hasta
mediados de la década del ´60, existe en la sociedad una voluntad
formalizadora del territorio que se expresa en la acción continua
y asombrosamente homogénea –si tenemos en cuenta la heterogeneidad
de otras políticas- del Estado y la importancia cuantitativa y
cualitativa de la obra programada y realizada por las oficinas
de la burocracia provincial. Este hecho parece desmentir una idea
difundida hasta el hartazgo: que la operación transformadora sería
producto sólo de la acción de pioneros o visionarios como Gesell
o Bunge que supieron vencer y transformar una naturaleza difícil
mediante la forestación y la fundación de villas marítimas. No
queremos con ello minimizar la importancia de estas acciones,
pero el trabajo sirve para calibrar su dimensión dentro de una
operación de gran escala donde el Estado es el gran protagonista
y que hoy podemos admirar no sin cierta nostalgia. Sobre todo
cuando la comparamos con lo que sucedió después. Es que como bien
prueban los autores, esta voluntad formalizadora del territorio
que nace de un ideal participativo se va diluyendo a partir de
los años sesenta, cuando las ideas de generación de un paisaje
de ocio ligado al turismo se enfrentan con acciones privadas de
loteos indiscriminados que saturan y cuadriculan la región en
forma abusiva, construyendo emprendimientos destinados al fracaso
o a la monotonía más absoluta.
Esta
voluntad estatal de formalización del territorio hasta constituir
un paisaje que debe servir de marco al turismo masivo, puede contrastarse
también con las acciones más recientes tendientes a la construcción
de espacios cualificados que a partir de los 80 se instaura como
modelo único de organización del espacio de esparcimiento mediante
los emprendimientos de tiempo compartido, las playas privadas,
los complejos autosuficientes que buscan el aislamiento y la privacidad
etc. Frente a ello la reconstrucción de la historia de la política
gubernamental durante el ciclo del “estado de bienestar” a la
que no podemos observar como producto de una homogeneidad monolítica
ya que está, como demuestra el libro, permanentemente ligada a
transformaciones, debates, cambios de rumbo, nos permite repensar
de otra manera el futuro de la región frente a la etapa que se
abre con el comienzo de este nuevo siglo.
Nota
1
Graciela Silvestri, “Postales argentinas” en Carlos Altamirano
(editor), La Argentina en el siglo XX, Ariel/UNQUI, Buenos Aires,
1999.
Fernando
Aliata es investigador CONICET /IDEHAB y profesor ordinario del
Taller de Historia de la Arquitectura nº 1. FAU/UNLP, Argentina. |