Otras
historias de la historia. Identidades dinámicas y lecturas heterogéneas
para descongelar relatos
resenha de rodrigo gutiérrez viñuales
Los albores
del siglo XXI están trayendo consigo, para los historiadores del
arte latinoamericano, un afán revisionista tendente a sintetizar
y sistematizar bajo hilos conductores la producción artística
del continente. No es tarea fácil y, aunque se ha avanzado bastante
en este sentido, aun son varias las cuestiones por resolver. Sin
embargo, hay variadas pautas sobre las que se ha venido trabajando
y profundizando en los últimos años, planteándose interesantes
debates en los que han tomado parte artistas, historiadores, críticos,
marchantes y otros componentes del mundillo del arte.
Uno de los
grandes temas de discusión a lo largo del siglo en el arte iberoamericano
se ha pautado en torno a la identidad, nacional y americana. Las
controversias al respecto han alcanzado momentos álgidos, en muchos
casos acompañando las crisis políticas y sociales de aquellos
países, que no han sido pocas. El ejemplo de los años setenta,
con dictaduras militares instaladas en casi todo el continente,
es palpable; en esa época se enjuició con apasionamiento la identidad
cultural y la autenticidad (entendida como expresión de lo americano)
de las manifestaciones artísticas.
El historiador
de arte – en general- ha asumido como tarea propia el papel de
revisionista y ha encontrado en ese amplio corpus teórico, producido
a lo largo de las décadas, valiosas fuentes que hoy permiten marcar
directrices ciertas. El proceso de consolidación de la historiografía
del arte latinoamericano, en cuya afirmación ha sido esencial
el devenir investigador de la última década, ha manifestado una
doble vertiente que se evidencia con claridad en las publicaciones:
por un lado, la existencia de “historias” de corte localista,
de consumo reducido, que aportan contenidos que difícilmente alcancen
una difusión más allá de los propios países en los que se concretan.
Por otro, hay una historiografía cuya intención manifiesta es
la divulgación del conocimiento fuera de las propias fronteras,
tendente a mostrar la obra y los periodos más relevantes del arte
del continente.
La historiografía
del arte latinoamericano está asimismo marcada por el “boom” del
mercado neoyorquino y las directrices determinadas por las grandes
casas de subastas Christie’s y Sotheby’s que, desde principios
de los ochenta y sobre todo en los noventa, han incidido a través
de sus periódicos remates encumbrando y fortaleciendo a numerosos
artistas, algunos, hasta ese momento, casi desconocidos fuera
de sus países e inclusive en estos. La edición de catálogos ilustrados
supuso una divulgación masiva de imágenes que permitió a los venezolanos
conocer las producciones de los uruguayos, o a estos la de los
caribeños, y así sucesivamente.
Pero el carácter
de meridiano para el arte latinoamericano ejercido por Estados
Unidos trajo también consigo la afirmación de algunos estigmas
historiográficos como el llamado fridakahlismo, basado
en la explotación incesante, repetitiva y cansadora de una misma
figura (en este caso la mexicana Frida Kahlo) hasta ser convertida
en paradigma casi irrenunciable de aquel y en figura principal,
más por su tragedia personal que por la indudable calidad de sus
obras. Con buen criterio, Mari Carmen Ramírez, comisaria de la
exposición Inverted Utopias: Avant-Garde Art in Latin America,
llevada a cabo durante 2004 en el Museum of Fine Arts de Houston,
decidió presentar una amplia retrospectiva del arte contemporáneo
sin incorporar obra alguna de Kahlo, con el fin de que los visitantes
puedan centrarse en advertir la obra de otros creadores y demostrar
que son posibles otros discursos.
Se ha vuelto
necesario pues establecer “otras historias” del arte latinoamericano,
apartadas de los rígidos cánones que la estandarización de los
discursos impone, congelando en numerosas ocasiones la acción
de jóvenes historiadores que se mueven siguiendo los dictámenes
de los “centros” (muchas veces movidos por una fuerte operación
marketinera). Aunque también es verdad que vemos a menudo claudicar
a críticos e historiadores que, por tal o cual interés, deciden
caer en el servilismo, maniatando el buen discurrir de sus trayectorias
por responder a las pautas marcadas por el mercado.
Siguiendo
en parte estos lineamientos, hemos encontrado inestimable apoyo
en Prensas Universitarias de Zaragoza, mediando el entusiasta
y continuo apoyo que a proyectos “americanistas” presta desde
hace años nuestra amiga y colega Ascensión Hernández Martínez,
para llevar a cabo un libro colectivo sobre Arte Latinoamericano
del siglo XX bajo el rótulo de “Otras historias de la Historia”.
La idea que lo ampara es la de mostrar rasgos artísticos y temas
de análisis que por lo general se han venido manteniendo en los
márgenes de la consideración de las “Historias del Arte” y en
especial de las que han sido difundidas en los “grandes centros”
como Estados Unidos y Europa. Aspiramos a mostrar singularidades
que, concatenadas, conformen una pluralidad diferente a lo habitualmente
divulgado.
La historia
escrita está rodeada de incontables realidades paralelas, y en
un alto porcentaje estas han quedado desplazadas de las “historias
oficiales” que, por distintos motivos (también por la lógica necesidad
de sintetizar), se han venido estandarizando en el arte occidental.
En los países americanos, a dichas “historias”, aun podemos tratarlas
como si fueran un material flexible, permeable a introducir en
sus ejes vertebradores los nuevos avances de la investigación,
tanto a nivel continental como en los propios ámbitos nacionales.
Muchas realidades
que han existido y que existen son, pues, “historias” no escritas.
Se refieren a temáticas, a movimientos y a artistas. Entre estos,
son enormes en número aquellos cuyas trayectorias deben entenderse
al margen de lo novedoso o de la sucesión de primicias que por
lo general se impone como discurso estructural, apartando aquello
que no responde a los patrones predeterminados. Si el artista
encaja en las ideas previas perfecto, si no, queda afuera. Al
igual que sucede con la música, prima en muchas ocasiones el éxito
puntual, esos “quince minutos de gloria” que rescata la historia
y que echa mantos de sombra sobre los itinerarios vitales. Así
pues, la confección de la historia escrita suele convertir a ésta,
a menudo, en una máquina de descartar, muchas veces de forma sangrante,
lo que no se amolda a sus patrones, encumbrándose sólo aquello
que pasa el intencionado y cerrado tamiz que imponen el mercado,
el crítico o el historiador. En el presente libro no se hace una
nueva “historia del arte latinoamericano del siglo XX”. Es evidente
que no se persigue un carácter sintético y abarcativo. Se trata
de contar pequeñas historias, disímiles, muchas veces marginadas
de la Historia del Arte.
Para la cristalización
de esta edición hemos invitado a participar a diferentes especialistas,
españoles y latinoamericanos, con la idea de que expusiesen, bajo
algunas ideas comunes, renovados planteamientos de investigación.
Un aspecto importante a resaltar, y que ha significado un punto
de atención especial a la hora de conformar el índice, ha sido
el de contar con la participación mayoritaria de jóvenes investigadores,
no sin por ello, como se comprobará, dejar de recurrir a profesionales
de trayectoria y experiencia reconocida nacional e internacionalmente.
Esta actitud responde, por un lado al deseo de abrir canales de
expresión a quienes llevan, en proporción, poco tiempo material
de producción, y por otro a mostrar que dicho carácter no es impedimento
para alcanzar serias e innovadoras conclusiones, e inscribir nuevas
miradas al devenir historiográfico.
El libro se
divide en cuatro grandes bloques, compuestos a su vez por cuatro
capítulos. En el primero de los bloques, que versa sobre “Expresión
y gusto popular”, pretendemos mostrar la pervivencia de modelos
culturales y artísticos ancestrales en algunos países americanos,
y sus testimonios contemporáneos, que, en parte, y en ciertas
regiones, están marcados por la contaminación de los medios de
masas. Somos de la creencia que en buena medida, en sus costumbres
y expresiones, América sigue siendo barroca, carácter en el que
lo indígena se ha mantenido como un componente ineludible. Estas
huellas quedan de manifiesto en la arquitectura y en los rituales
que conforman el espectro de los cultos religiosos, las creencias
populares, el arte de los cementerios y, asimismo, y en este caso
más vinculado al gusto burgués, el afianzamiento de gustos extravagantes
cuando no decididamente kitsch como testimonio de orgullo
de “propietarios” más (o menos) ricos en el continente. Respecto
del mencionado tema de las expresiones funerarias, cabe apuntar
su conversión en tema de investigación de notoria actualidad,
a partir del rescate y la revalorización que han hecho en los
últimos años organizaciones como la Red Latinoamericana de Cementerios
Patrimoniales que, a la fecha, lleva organizados cinco ediciones
de sus “Encuentros de Valoración y Gestión de los Cementerios
Patrimoniales”.
En el segundo
bloque, titulado “Los materiales, medios para hacer vanguardia”,
se integran cuatro visiones diferentes englobadas bajo la idea
de rescatar en parte la variedad de componentes utilizados por
artistas plásticos y arquitectos contemporáneos en Latinoamérica.
El carácter reductor y selectivo del presente proyecto, nos llevó
a tener que, obligatoriamente, atender a algunos aspectos y no
a todos los que hubiéramos deseado, lo cual, lógicamente, hubiera
sido imposible. Esta característica, de cualquier manera, es común
a los cuatro bloques temáticos. Los pigmentos naturales utilizados
por Reverón en Venezuela, la talla en piedra de los escultores
de Chile, la arquitectura de madera en el sur de ese país y el
trabajo en barro de Jaime Suárez en Puerto Rico aportan un corpus
básico, plausible de ser incrementado con estudios posteriores.
El tercer
bloque centra su atención en temas del arte latinoamericano en
los que el factor externo es el eje fundamental, tanto si se trata
de la expansión de la cultura del continente hacia fuera, como
de la recepción de modelos culturales y artistas arribados desde
Europa, y en especial desde España. Se denomina “El arte desde
y hacia el exterior”, y en este caso optamos por temas que van
desde la influencia de la Europa de vanguardias en el redescubrimiento
del barroco mineiro en Brasil, al arte de los exiliados en México,
la labor del arquitecto español José Luis Sert en Colombia, o
la presencia del arte latinoamericano en España a lo largo del
siglo XX, a través de exposiciones, catálogos, labores institucionales,
etc.
Finalmente,
y cerrando el ciclo, una mirada hacia dentro. El devenir artístico
de los países americanos ha estado profundamente marcado por los
acontecimientos de las grandes capitales, quedando las ciudades
y pueblos del interior esquinados en la consideración. Queremos
pues advertir de ello en este proyecto y abrir los ojos a propios
y extraños acerca de la necesidad de revertir análisis condicionados,
producidos por investigadores de las capitales incapaces de ver
más allá de sus ámbitos, indudablemente centrales, y de su conexión
con las grandes usinas del arte contemporáneo como París o Nueva
York. Esta actitud, mitad complejo de superioridad, mitad pereza
intelectual, evita que aquellos otros testimonios se den a conocer
lo suficiente. Hemos elegido aquí los avanzados trabajos que cuatro
colegas realizan en sus respectivas provincias, plausibles de
entenderse dentro de estos lineamientos, incorporando la región
del Chaco argentino-paraguayo, las provincias de Santa Fe y Salta
en Argentina y la ciudad de Maracaibo, en el interior de Venezuela,
planteando temas tan disímiles como la fotografía, la arquitectura,
las artes plásticas y el teatro.
Con esta selección
de temas pretendemos, sobre todo con respecto a los no versados
en la materia, a aquellos quienes no tienen al arte latinoamericano
como centro de sus estudios o cuyo acceso al mismo haya sido epidérmico,
puedan advertir la existencia, como en cualquier ámbito, de un
amplio mosaico de expresiones, absolutamente inagotable: en este
libro se presentan algunas gotas de ese océano. Este propio carácter
permite una lectura segmentada, como si se tratase de un libros
de relatos, no precisando una estricta lectura de principio a
fin. Son historias sobre las que se podrá volver una y otra vez
según los gustos e intereses. Si bien la señalada fragmentación
es palpable, hay lazos de unión entre estos textos, sobre todo
la novedad en los enfoques, la marginalidad temática de algunos
y las nuevas perspectivas que presentan otros cuyo punto de atención
puedan haber gozado más o menos de fortuna historiográfica. Si
hemos planteado la división en cuatro bloques ha sido con la intención
de crear lazos de unión que permitieran, a la vez que la natural
lectura singularizada, el propiciar interconexiones.
Releyendo
el índice, descubrimos que el libro empieza con un capítulo dedicado
a cementerios, a la expresión de la muerte, y finaliza con otro
dedicado a las fiestas y carnavales, testimonio evidente de la
vitalidad del continente. Entre ambos parámetros, la muerte y
la vida, la vida y la muerte, se desarrollan incontables manifestaciones,
peculiares y variadísimas manifestaciones culturales y artísticas.
Esto también nos perfila algunas de las líneas de investigación
interdisciplinar que, en los inicios del XXI, se están viendo
cada vez más fortalecidas, como el feliz encuentro entre arte
y antropología al abordar ciertas temáticas, sobre todo las vinculadas
a las artes y expresiones populares. Y esto de la misma manera
que el ámbito de las artes plásticas del siglo XIX se beneficia
de manera paulatina del imprescindible encuentro con áreas científicas
como la historia, algo ineludible en temáticas como la reconstrucción
documental e iconográfica del pasado. Cada vez con mayor alcance
y cultores, este tema está permitiendo que historiadores e historiadores
del arte se apoyen entre sí para dar más amplitud y abrir nuevos
rumbos a sus respectivas líneas de investigación.
Otro parámetro
que podemos apuntar como factor cada vez más necesario para una
investigación profunda en ramas del arte del continente como las
que aquí se presentan, es la realización directa de labores de
mapeo, de análisis en el terreno y de experimentaciones personales
plausibles de ser transferidas al papel. El viaje, en todo su
alcance, adquiere nuevas dimensiones, no solamente en la superación
de las barreras “nacionales” que van vislumbrando un aumento en
la asociación de temas de un país con investigadores de otro,
sino también con las perspectivas espirituales que no siempre
el documento de archivo logra transmitir.
Está claro
que la observación personal, sumada a la pericia en el manejo
de archivos, el descubrimiento de obras y artistas desconocidos,
la incursión en otras disciplinas y la destreza en la interpretación,
está llamada a aportar ingredientes fundamentales para mejorar
las recetas que componen actualmente la historia arte latinoamericano.
Si el arte, tal como reza la definición del diccionario de la
Real Academia Española, es una “manifestación de la actividad
humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada”,
bien está el analizarlo desde atalayas personales para enriquecer
nuestra óptica sobre el mismo. En definitiva, apuntar a la concreción
de una pluralidad en los “Modos de Ver”, tal como marca la presente
línea editorial, desde la intencionada creación de los artistas,
hasta la personal receptividad del lector, pasando por el filtro
condicionador del historiador.
Rodrigo Gutiérrez
Viñuales es historiador del arte y profesor de laUniversidad de
Granada
El presente
texto es la introducción del libro
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