Resenha
171 / agosto 2007
Livros
resenhados:
ZUMTHOR, Peter. Atmospheres. Basilea, Birkhäuser, 2006,
75 p. / ZUMTHOR, Peter. Thinking Architecture. Basilea,
Birkhäuser, 2006, 96 p. [imagen: Peter Zumthor, bodega Domino
de Pingus (projecto), Peñafiel, Valladolid, España, 2003]
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Vía
de perfección
reseña de fredy massad y alicia guerrero yeste
La experiencia
profunda de lo bello entraña la extrañeza provocada por la cierta
sensación de revelación, de perturbación, como de redescubrimiento
ante aquello que nos fascina para conmovernos. Y cuando esa aparición
se esfuma, en la memoria intelectual y sensorial de nuestro espíritu
deja un poso y un anhelo que impulsa a reiniciar su búsqueda.
“Echo de menos algo: una empatía que instantáneamente me afecta
cuando experimento la belleza. Antes de experimentarla, no advertía
o ya no sabía que la extrañaba, pero la renovación de ese conocimiento
me evidencia que siempre lo estaré echando en falta. La belleza
existe, aunque sus apariciones son relativamente infrecuentes
y, normalmente, se producen en lugares inesperados”.- escribe
Peter Zumthor en la convicción de su sentimiento hacia la belleza,
en su determinación de impregnar a sus edificios de ella para
dotarlos de alma, de crear arquitectura capaz de apelar a la dimensión
sensual del cuerpo y a la dimensión emocional del intelecto.
Dos pequeños
volúmenes, Thinking Architecture y Atmospheres (Birkhäuser,
2006), recogen el pensamiento estético de este arquitecto que
comenzó formándose como artesano, cuyo trabajo se distingue por
una incomparable maestría sobre el material y por la intensa impresión
espacial que emanan sus edificios. Yuxtapuestos estos a sus reflexiones,
se comprende que esencialmente la obra de Peter Zumthor es una
búsqueda de realización de la belleza depurada a través de la
arquitectura. Y, a la vez, una persecución de la depuración de
la propia arquitectura, de su elevación al absoluto en el que
cada edificio deviene un ente indisolublemente aferrado a la realidad
como concreción de ésta. “Un edificio que sea siendo él mismo,
siendo un edificio, no representando alguna cosa, sólo siendo.
Aquello que me interesa y en lo que quiero concentrar mis facultades
imaginativas es en la realidad del específico cometido del edificio
relativo al acto o estado de habitar. La realidad de la arquitectura
es el cuerpo concreto en el cual formas, volúmenes y espacios
adquieren entidad. Lo único que contiene ideas son las cosas.”
La obra de
Zumthor expone la necesidad de fomentar una arquitectura propositiva
–“capaz de proveer a los individuos de las condiciones espaciales
naturales para sus rutinas diarias”- cuya trascendencia reconfigure
el hecho de habitar, de cobijar, para ser además un lugar donde
los cinco sentidos vibren. Los arquitectos han ido perdiendo el
instinto y la necesidad de crear esa dimensión, transformando
frecuentemente sus obras en un hecho vulgar por la ausencia de
esa voluntad que puede transformar el pensar y el construir en
un hecho que aproxime a lo sagrado. La creación de estos mundos
- no necesariamente mediante el uso de especulaciones dialécticas
ni parafernalias estructurales - tienen más que ver con los detalles,
la idea de palpar, oler, escuchar, ver… con ser elevados al sentir
estamos inmersos en un universo único y particularmente nuestro.
Peter Zumthor
sostiene que la actividad mental del arquitecto consiste en imaginar,
“en componer las cosas primero en nuestras cabezas y después
trasladarlo al mundo real”. Cuestionarse acerca del objeto
a diseñar y de cuál será su relación con el entorno circundante
para dotarlo de una identidad e individualidad fundamentada en
unas cualidades sensuales capaces de afirmar la existencia del
edificio desde la percepción de su dimensión materialmente tangible
y de la dimensión integrada por lo subjetivo inherente a su vivencia
y apreciación.
Como movido
por una racional voluntad de develar los misterios de la realidad,
este artesano minucioso insta a usar el material alquímicamente,
explorando la infinitud potencial que puede extraerse de toda
materia: “Toma una piedra: manipúlala. Cada vez devendrá algo
distinto. Los materiales reaccionan entre sí y tienen su propio
resplandor, así de la composición material emerge algo único.”
La consciente experiencia de la realidad se produce a través de
la integración de las reacciones de los sentidos, estimulados
e inspirados por un contacto con la materia que ha adquirido una
distinta esencia tras ese tratamiento de profundización para descubrir
una distinta belleza latente. La memoria, como preservadora de
recuerdos de las atmósferas de los lugares que recordamos como
bellos, es para Zumthor herramienta indispensable en esa labor
de sentir y reformular la materia.
Ser un coleccionista
de recuerdos de atmósferas, reales e inventadas, pobladas de sensaciones
sutiles y elegantes aboca a Zumthor a ser un sublimador de la
realidad que, consecuentemente, concibe una visión idealizada
de la arquitectura y, por extensión de la propia esencia de la
vida: “Para mí, los edificios poseen un bello silencio que
asocio con atributos como compostura, durabilidad, presencia e
integridad, también con la calidez y la sensualidad. Es hermoso
estar haciendo un edificio e imaginarlo en total serenidad”.
Se podría afirmar que a Zumthor le agrada pensar que su arquitectura
es escenario perfecto para vidas dedicadas a la contemplación,
a la búsqueda de una culminación de lo humano.
Peter Zumthor
proclama en estos escritos una forma de hacer que además de cumplir
con los intereses materiales y ser un producto adecuadamente formal
–haciendo resonar de nuevo las teorías platónicas sobre la belleza-
colme el placer espiritual, sin necesidad de contraponer o separar
estas ideas. El cuerpo y el alma como un hecho único e indiferenciado.
Desinteresado
por la arquitectura reciente, encuentra sus afinidades en la obra
de individuos contemporáneos ajenos al ámbito de ésta. Hacer arquitectura
equivalente a una película de Aki Kaurismaki; diseñar como crea
música John Cage. Sugiriendo así la idea de una conciencia de
percepción e imaginación de la realidad del que nace un espíritu
y actitud estética que trasciende el concreto medio de expresión.
Su pensamiento
indaga sobre el reconocimiento de la esencia transtemporal de
la arquitectura para descubrir en ella qué es y cómo se define
lo humano. Zumthor no sugiere que a través de su trabajo y su
reflexión pretenda evitar para nuestra época un olvido del sentimiento
de lo bello; empero esta arquitectura, donde la noción de la belleza
y la poesía de la naturaleza y el alma del hombre laten para introducirse
en la sustancia vital, se corporiza –usando palabras de la filósofa
María Zambrano- como una versión nueva de lo eterno.
Fredy
Massad e Alicia Guerrero Yeste, titulares do escritório
¿btbW, são autores do livro “Enric Miralles:
Metamorfosi do paesaggio”, editora Testo & Immagine,
2004.
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