Julius
Shulman. Imágenes de tiempos modernos
resenha de fredy massad e alicia guerrero yeste
De los 250.000
negativos archivados de las fotografías realizadas Julius Shulman
a lo largo de una actividad profesional iniciada en 1936, acaba
de publicarse una cuidada selección en tres grandes volúmenes
bajo el título Julius Shulman: Modernism Rediscovered (Taschen)
que permite examinar a fondo la mirada de éste como creador de
imágenes fundamentales para reconstruir no sólo la historia de
la arquitectura moderna sino también el espíritu y la visión sobre
su tiempo que en ésta se encarnaba.
Nacido en
1910 y aún activo en la actualidad, la biografía profesional de
Shulman es planteada como la consecuencia de un suceso totalmente
incidental que supondría el providencial encuentro entre uno de
los arquitectos fundamentales del Movimiento Moderno y un entonces
joven fotógrafo que casualmente había ido a visitar una de sus
obras acompañado (como acostumbraba) de su Kodak Vest Pocket.
Siguiendo la inercia de la costumbre, Shulman tomó varias imágenes
de la Residencia Kun de Richard Neutra, que posteriormente el
miembro del estudio de éste que visitó la obra con Shulman mostró
al arquitecto. Neutra reaccionó elogiando con entusiasmo el modo
en que aquellas imágenes captaban el espíritu de su arquitectura,
dando inicio a una colaboración entre ambos que se prolongaría
hasta el fallecimiento del primero en 1970 y que supuso para Shulman
el establecer contacto con otras figuras claves del Movimiento
Moderno y convertirse en un fotógrafo fundamental de la arquitectura
realizada entre las décadas de los 40 y 60.
A través de
ese relato que hace responsable al azar del modo en que aquel
joven metódico y de naturaleza curiosa e inventiva, que había
recibido una formación universitaria en arte pero que no había
aún hallado el medio a través del cual desarrollar su potencial
creativo, se enfatiza la idea de que se trata de una trayectoria
surgida de un especial carácter instintivo. Neutra y todos los
arquitectos cuya obra fue fotografiada por Shulman (de Wright
a Niemeyer, pasando por Van der Rohe, Kahn, Johnson, Eames, Aalto…)
reconocían en éste una particular habilidad –que debe definirse
como una capacidad intelectual y sensorial- para reconocer la
esencia de un espacio y traducirla con precisión a un soporte
visual. Shulman es uno de los contribuidores a la constitución
de la fotografía de arquitectura como un género específico a lo
largo del siglo XX. No en el mero sentido de documentar visualmente
los edificios desde una precisión que permitiera una concepción
lo más objetiva posible de éstos como entidades construidas sino
desde una aproximación que comunicaba fluidamente los principios
ideológicos sobre los modos de vida y la nueva sociedad para los
que aquella arquitectura era concebida.
Su estilo
se definía por una sencillez austera, marcado por composiciones
marcadamente geométricas, alto contraste, objetivo de gran nitidez,
uso de iluminación artificial que enfatizase los efectos esenciales
del espacio y una integración uniforme de espacios interiores
y exteriores mediante la incorporación del paisaje natural –muchas
veces desértico- que rodeaba a los edificios y la realización
de las imágenes a la hora del crepúsculo para fusionar más efectivamente
los límites entre ambos. Esta impecabilidad técnica se ponía al
servicio de la construcción de elegantes escenas protagonizadas
por los verdaderos ocupantes de la casa y sus objetos domésticos
o, cuando se trataba de espacios en ámbitos públicos, haciéndolos
exudar un aire de sofisticación e inmaculada eficiencia. Sus fotografías
más distintivas e influyentes son indudablemente las primeras:
imágenes de la arquitectura para la clase acomodada y la intelectualidad
“americana” en sus tiempos utópicos y felices, reflejados en la
gente y en su forma de relacionarse con su hábitat. Estas cualidades
hacían a las fotografías de Shulman idóneas para medios profesionales
especializados, pero las imbuían también de un atractivo seductor
que las hacía ideales para difundir la arquitectura moderna en
publicaciones generalistas tales como Life o Time.
Una mirada
estaba exenta de cualquier naturalidad: sus puestas en escena
evocan los cuidados fotogramas arquitectónicos de Alfred Hitchcock
o Jacques Tati, y al igual que en éstas, la presencia de la arquitectura
se prolonga para imbuirse de una fuerte identidad psicológica
propia que se expresa en esas cualidades espaciales y formales
que la cámara reconstruye.
Hacer un ejercicio
retrospectivo ante el ingente imaginario fotográfico de Julius
Shulman que se recoge en estos volúmenes no solamente permite
rememorar un tiempo glorioso de la Historia de Arquitectura por
la libertad y la fuerte vocación innovadora con la que encararon
la realización sus proyectos los grandes maestros de la Modernidad
y de las que resultaron obras únicas, sino que también hace patente
cómo el retratar la arquitectura puede ser una forma de reimaginarla
e imbuirla de una nueva dimensión desde la que contemplarla y,
en consecuencia, reflexionarla.
Detenerse
en el acto de volver a mirar las fotografías que Shulman realizó
fundamentalmente en el periodo comprendido entre 1939 y 1964 -en
el que éste visita y fotografía obras en California y el Medio
Oeste, además de puntuales obras esenciales construidas en Hispanoamérica
y el Lejano Oriente -induce a un análisis de los caminos por los
que la imagen de arquitectura ha discurrido, bipolarizándose a
veces entre la frivolidad y el ascetismo a la búsqueda de una
exaltación estética de la obra y no de su comprensión intrínseca.
Apostando por fotografiar la arquitectura mostrando no sólo el edificio sino también contando la historia
de los personajes que en ellos habitaban o transitaban, Shulman
contribuyó a afirmar el manifiesto conceptual del Movimiento Moderno.
Tener en la
mano estas fotografías en un momento de acceso a diferentes herramientas
de creación de imagen estática y en movimiento, inspira a pensar
en la posibilidad de no constreñir el traslado de la arquitectura
a otro soporte evitando que éste se reduzca a la mera inmortalización
fotogénica, sino que inspira la idea de que la imagen constituye
un medio fundamental – en combinación con una vocación creativa
experimental como la que guiara a Shulman- para el pensamiento
sobre la arquitectura. Narrar historias sobre el
hecho arquitectónico, dando formas visuales a su percepción…Extender
el compromiso creativo de la imagen de arquitectura a territorios
en que ésta sea un vehículo sensible para comprender y reflexionar
sobre el momento y articular aquello que subyace en cada edificio.
Articulo originalmente
publicado en ABC de las Artes, n. 824, 17 nov. 2007.
Fredy
Massad y Alicia Guerrero Yeste, titulares del studio ¿btbW,
son autores del libro "Enric Miralles: Metamorfosi del paesaggio",
editorial Testo & Immagine, 2004.
|