Curtis,
sustancia crítica
resenha de fredy massad e alicia guerrero yeste
“Si puedes
decirlo, no lo pintes; si lo puedes pintar, no lo digas. De la
misma forma, la arquitectura debe hablar por sí misma”, dice el
historiador y crítico de arquitectura William J. R. Curtis, citando
a Francis Bacon mientras muestra ejemplos de sus pinturas, “paisajes
mentales”: imágenes abstractas imbuidas de una sutil intensidad
surgidas de su interés sensible por la luz, el movimiento a través
del espacio, el paisaje… La idea de la inefabilidad de la arquitectura,
del componente emocional del que es capaz de estar imbuida y comunicar
la obra arquitectónica, es un componente de su pensamiento pragmático
y lúcido. La alusión a lo indecible que contiene esencialmente
la experiencia de la arquitectura reemerge en la conversación
cuando menciona su perenne fascinación por el Gimnasio Maravillas
de Alejandro de la Sota, “un edificio extraordinario que aún me
conmueve, que instantáneamente puedo sentir y reconocer como arquitectura”.
Una obra
crucial
Curtis es
autor de uno de los libros cruciales para el estudio de la arquitectura
del siglo XX, La arquitectura moderna desde 1900 (Phaidon,
2006), del que acaba de publicarse su tercera edición en castellano
y que constituye asimismo un proyecto de investigación que este
autor mantiene activo, en el que queda plasmado su crecimiento
como historiador y su solidez como analista de la arquitectura
contemporánea. Publicado originalmente en 1982, en plena eclosión
de la posmodernidad, para este pensador poco amigo de ideologías
y modas, “el libro era un intento de desmitificar la arquitectura
moderna, salvarla de sus propios mitos y apologistas, de evitar
las caricaturas creadas por sus enemigos o por sus partidarios,
y de plasmar las cosas con toda su complejidad”. “La arquitectura
?explica? es un fenómeno con múltiples estratos que funde ideas
y formas, mitos sociales y espacios poéticos, imágenes y materiales,
la función y la estructura, el pasado y el presente. Los edificios
son fruto de procesos complejos, y a mí me interesa la materialización
en formas de las imágenes y las ideas. Además de sus intenciones
subyacentes, me preocupa la acogida y las lecturas posteriores
de una obra”. Como enfatiza en su prefacio a esta última edición,
a Curtis le interesa fundar un terreno de pensamiento firme, alejado
de las subjetividades y frivolizaciones a las que abocan los análisis
efectuados desde posturas intelectuales efímeras.
Su afirmación
y la constancia de su compromiso con este libro son evidencia
de una actitud casi perentoriamente necesaria para la construcción
de una cultura crítica y de la crítica en este momento, reivindicando
la importancia y sentido del conocimiento sobre la Historia para
reconocer cuál es la sustancia de lo arquitectónico. “Distingo
muy tajantemente entre el tiempo de la moda y el tiempo histórico”,
dice Curtis, sin ocultar que incluye en esa afirmación el valor
y consistencia que reconoce a su trabajo y a su actitud insobornable
de acusador de muchos de los comportamientos de la arquitectura
actual y de los modos de hacer de la crítica.
“Es peligroso
dejarse seducir por el aura teórica de la arquitectura”, opina
Curtis, convencido de que la proliferación de la actividad teórica
actual está simplemente ocultando la liviandad de las ideas de
muchos discursos radicales y las distancia remota que separa insalvablemente
la mirada de los académicos sobre las cuestiones verdaderamente
reales de las que tendría que ocuparse la arquitectura.
“En mi opinión,
las escuelas de arquitectura están incitando a producir teorías
excesivamente cínicas acerca del mundo en que vivimos. El teorizar
se ha convertido en algo demasiado pretencioso. Muchas ideas teóricas
actuales son excesivamente livianas, pero pueden actuar como una
forma de arrogarse poder y prestigio, a la manera en que lo son
también reconocimientos como el Premio Pritzker, un galardón que
sitúa al laureado que lo obtiene más allá de cualquier crítica
porque, desafortunadamente, en el mundo estúpido en que vivimos
el obtener estos reconocimientos de prestigio sirve como arma
de poder”.
Curtis lamenta
cómo esta creciente adquisición de “poder” por parte de los arquitectos,
tanto para opinar como para construir, está suponiendo un desastre
para la arquitectura no sólo en su dimensión creativa sino también
en su dimensión de objeto cultural y social. “Los arquitectos
están entrando en una dinámica de producción veloz, y esto no
les permite dedicarse a elaborar sus proyectos con el debido esmero.
Creen que sus edificios son un objeto cultural, cuando lo que
están haciendo es un negocio”.
Aferrado a
la cualidad sensible e intangible de la arquitectura, Curtis da
a entender de nuevo que su materia de estudio son las obras construidas.
A contracorriente, sin duda, de los modos predominantes en la
actualidad en que la técnica es hecha tema de reflexión, ni escritos-manifiestos,
ni el carisma de un arquitecto son materia para Curtis: “Dejo
que la obra me hable. No me impresionan demasiado las palabras
de los arquitectos. Sería ingenuo aferrarse a lo que escriben,
la relación entre lo que escriben y lo que construyen nunca es
obvia. No me interesa en absoluto el carácter de un arquitecto.
Lo que me interesa es saber cómo afronta éste la difícil tarea
de hacer arquitectura, en qué tipo de intervenciones está trabajando,
cómo asimila e interpreta el debate social? Hay una diferencia
sustancial entre las personas que toman los tics específicos de
un periodo y la gente que adquiere una profunda comprensión del
tiempo al que pertenece. El mismo lenguaje puede derivar en una
obra de arte o en un mero gesto de moda”.
Evidencia
de que “escribir Historia implica usar tanto la razón como la
imaginación”, esta gran monografía de Curtis es reflejo y conclusión
de cómo el siglo XX fue una época fundamental para el desarrollo
de la Arquitectura. La consolidación de la tecnología estructural
y constructiva surgida de la Revolución Industrial llevó a la
arquitectura a momentos de gran creación y desarrollo de ideas
nunca antes experimentadas. Estando actualmente en el proceso
de transición a otra época -con sus propias complejidades-, que
requiere otros mecanismos de análisis, no debe incurrirse en posiciones
ahistoricistas o en la falsa rebeldía de ideologías rupturistas
que nos privarían del bagaje de conocimiento y la perspectiva
con los que aprender y disfrutar de la sustancia de la arquitectura
moderna, cuya extrema complejidad, Curtis ha sabido comprender
y diseccionar.
Fredy
Massad y Alicia Guerrero Yeste, titulares del studio ¿btbW,
son autores del libro "Enric Miralles: Metamorfosi del paesaggio",
editorial Testo & Immagine, 2004.
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