Arquitectura
en paranoia
resenha de fredy massad y alicia guerrero yeste
El atentado contra
las Torres Gemelas hizo obsoleta súbitamente la definición de
conflicto a gran escala. Desde ese día, el mundo sabe que cualquier
ciudad, individuo y escenario cotidiano es objetivo potencial
de un ataque terrorista repentino. La imagen de urbicidio que
representó la aniquilación del WTC está relacionada con el concepto
de guerra en el que la destrucción de estructuras arquitectónicas
opera como arma y, a la vez, como gesto bélico de imposición.
Funcionó esencialmente como contundente primera intimidación.
Lo planeado por los terroristas fue un ataque intelectualmente
sofisticado ejecutado con medios casi rudimentarios. Nunca se
sabrá qué ocurrió en realidad. Los ataques del 11 de septiembre
de 2001 no produjeron ni la peor tragedia ni la más sangrienta
matanza de la Historia -si depende del número de víctimas-, pero
fue seguramente el golpe más duro al sentimiento de vulnerabilidad
humana de nuestro tiempo, por haberse producido en el corazón
del mundo y haberse podido vivir en tiempo real en todo el mundo,
inaugurando así una nueva era de terrorismo que atemoriza de manera
efectista, intentando que cada atentado no sólo asesine, sino
que también tenga la mayor audiencia.
Triunfalismo
moral
Tras la devastación
de las Torres, su reconstrucción se concibió desde la perspectiva
de que los nuevos edificios debían encarnar una simbología de
democracia y victoria. Vistas retrospectivamente, en las propuestas
participantes en aquel concurso para el World Trade Center, incluyendo
el plan maestro de reconstrucción y la Freedom Tower de Daniel
Libeskind, subyacía la dialéctica de triunfalismo moral de la
administración Bush: La arquitectura debía erigirse como signo
de resistencia frente a la mente diabólica de los terroristas,
reafirmándose como entidad protectora y defensiva. Los posteriores
atentados de Madrid y Londres no han vuelto a valerse de la arquitectura
como artefacto asesino, evidenciando que aquella reformulación
carecía del menor sentido para una época en la que los ciudadanos
del mundo viven conscientes de hallarse en una situación de amenaza
permanente. El análisis que la arquitectura debe hoy efectuar
sobre sí misma habrá de trascender la mera vocación de actuar
como expresión formal bienintencionada para reflexionar sobre
su posición en unas circunstancias definidas bajo el signo del
ansia y el temor.
Dejando aparte
las tramas de especulación económica y la búsqueda de beneficio
político de las diferentes administraciones que se convirtieron
en la trampa mortal en la que cayó el proyecto de Daniel Libeskind,
es preciso valorarlo como resultado de un concurso en el que primó
la emotividad impuesta sobre el proyecto, recurriendo a clichés
fáciles y sensibleramente patrióticos (como la altura de la torre,
que en pies coincidía con el número 1776, año en que se proclamó
la Declaración de Independencia de Estados Unidos, y motivos alegóricos
similares). Lo que condujo a este proyecto al fracaso y a la irrelevancia
conceptual fue no haber sido capaz de encarnar en sí la comprensión
de que tras aquellos ataques se produjo una quiebra psicológica
mundial que ponía en crisis la idea de la arquitectura colosal
y prepotente, representativa de una sociedad que ya había dejado
de existir tras el cambio profundo producido en los treinta años
transcurridos desde la construcción de las torres de Minoru Yamasaki
?espíritu de la década de los setenta? y que su estrepitosa caída
terminó de sentenciar.
El colectivo IGMADE
?responsable del libro 5 Codes (Birkhäuser, 2006)? abandona la
imagen de las torres atacadas y toma la constante situación en
«código amarillo» ?indicando que las probabilidades de un atentado
terrorista son elevadas? del sistema de advertencia establecido
en 2002 por el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos
como referente icónico del zeitgeist actual, sumido en la paranoia
debida a la existencia del enemigo incierto e ilocalizable que
puede emerger en cualquier momento.
Formas
de violencia
La paranoia, cree
IGMADE, ha devenido un concepto desde el que redefinir significados
para una arquitectura y un urbanismo que encarnaban un ideal moderno
de sociedad pacificada. Su reflexión parte de la neutralidad política
que le permite reconocer que en este estado de guerra ambos «bandos»
tienen sus propias formas de violencia ?que directa o indirectamente
implican a la arquitectura?, fundamentadas en ambos casos en este
estado global de paranoia: terroristas aletargados en cualquier
parte (cuevas remotas o apacibles suburbios de clase media) o
hipotéticas armas de destrucción masiva imponen formas agresivas
de defensa preventiva como la hipervigilancia de los movimientos
de los individuos o el uso de lugares para la tortura de presuntos
terroristas (Abu Ghraib, Guantánamo).
Defienden asimismo
la idea de que el miedo al terrorismo devenga una fuerza productiva,
como ejemplifica el ejercicio dirigido por Stephan Trüby ?uno
de sus integrantes? en la Universidad de Stuttgart, proponiendo
proyectar un World Trade Center desde la premisa de que resultase
fácil escapar de él en caso de amenaza, demostrando que un edificio
monumental debe poder defenderse de ataques; o su atención a Escape
from the Bank Job, de la artista Janice Kerbel, cuyo diseño del
robo de un banco permite entender que la mente del terrorista
sabe actuar libremente, oculta entre los resortes restrictivos
del ojo paranoico de cámaras de vigilancia. Esta paranoia no puede
curarse con edificios que reparen una autoestima dañada. El desarrollo
intelectual del planteamiento de IGMADE es aún incipiente; no
obstante, es necesario reconocer que han apuntado a una clave
desde la que asumir que el terrorismo y las políticas contra éste
señalan que estamos en un nuevo tiempo, y que la arquitectura
está obligada a asumir la existencia de estos nuevos miedos.
Articulo publicado
originalmente en la columna “Arquitectura y diseño”,
caderno “ABCD las artes y las letras“, de ABC Periódico
Electrónico S.L.U, Madrid, en fecha de 09 de septiembre de 2006.
Fredy Massad
y Alicia Guerrero Yeste, titulares del studio ¿btbW, son autores
del libro "Enric Miralles: Metamorfosi del paesaggio",
editorial Testo & Immagine, 2004.
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