La
inspiración del motor
resenha de fredy massad y alicia guerrero yeste
La poética
exacerbada de los futuristas reconoció en la velocidad del signo
de su tiempo. La velocidad: la belleza nueva que enriquecía la
magnificencia del mundo. El automóvil, el artefacto cuya belleza
los futuristas concibieron superior a la de la Victoria de Samotracia,
fue uno de los transformadores cruciales del paisaje del mundo
en la era industrial.
La revolución
provocada por la invención del automóvil modificó completamente
la vida del individuo del siglo XX, obligando a arquitectos y
urbanistas a repensar y reacondicionar edificios y ciudades. Su
invención y subsiguiente popularización durante el siglo XX ha
dependido no sólo la creación de redes de tránsito, urbanas e
interurbanas, sino también el desarrollo del aparcamiento como
una tipología arquitectónica de complejidad específica. Una complejidad
que no radica sólo en su naturaleza estructural y material sino
también en la proyección psíquica de su entidad sobre la imaginación
contemporánea.
Posiblemente
sea esta segunda premisa la que más enfáticamente sostiene el
análisis que el arquitecto Simon Henley realiza a lo largo de
The Architecture of Parking (Thames & Hudson, 2007),
un ensayo en el que se traza una síntesis de la evolución de las
estructuras y zonas de estacionamiento de vehículos utilitarios
desde la década de los veinte del pasado siglo hasta la actualidad. Con su análisis, Henley desvela
esencialmente la trascendencia e influencia sobre la arquitectura
contemporánea de esta tipología nacida como consecuencia de la
conversión del automóvil en una herramienta indispensable. Algo
que plantea la ulterior reflexión acerca de la incidencia del
desarrollo tecnológico y la producción de nuevos artefactos que
inciden sobre nuestras dinámicas cotidianas, modificándolas sustancialmente
– tal y como supuso la popularización del coche en el periodo
posterior a la Segunda Guerra Mundial-, sobre la evolución
del lenguaje arquitectónico de su tiempo.
La necesidad
de producir edificios estrictamente concebidos para la circulación
vehicular ha enfrentado a los arquitectos al desafío de investigar
la creación de estructuras cuya característica esencial es la
de constituir un sistema de movimiento para un artefacto mecánico,
en la que la presencia del individuo –del factor humano-
puede ser considerada absolutamente inexistente. Es el vehículo
el que dicta todas las condiciones estructurales y funcionales
del edificio o ámbito destinado al aparcamiento.
Es remarcable
el hecho que sean los proyectos visionarios para dos edificios
destinados a alojar un millar de vehículos desarrollados por Konstantin
Melnikov en 1925 los que anticiparon y asentaron las bases que
emergerían en las formas construidas a partir de la década de
los años cuarenta en Estados Unidos: sección comprimida, planos
inclinados y estructura esquelética, como el incipientemente desarrollado
por Richard Neutra y concretado radicalmente por Robert Law Weed
en 1948, en el estacionamiento en Miami que exponía literal y
brutalmente su estructura de cemento, despojado de fachada. Ese
período, entre el transcurso de los años 50 y el final de los
años 60, en el que el coche constituye el icono de la modernidad,
se realizan los exponentes más complejos de la arquitectura de
parkings en Europa y, particularmente, en Estados Unidos.
En este contexto, Louis Kahn desarrolla entre 1947 y 1962 diversos
estudios para la proyección de una ciudad cuyo centro urbano peatonal
estuviese protegido por un collar de parques de aparcamiento cilíndricos
–evidencia del reconocimiento del automóvil como eje de
una transformación profunda en los paradigmas con que conceptualizar
el entorno, para generar una arquitectura en coherencia con el
estado de avance tecnológico. Durante este período de euforia
automovilística, los arquitectos se esmeraron en la experimentación
con la materia (fundamentalmente, hormigón), los aspectos formales
(rampas inclinadas y helicoidales) y la creación de elevaciones
expresivas así como un cuidado tratamiento estético de la fachada
que marcaban, a veces con la magnificencia colosal de torres como
Marina City en Chicago, exultantemente la presencia de estas estructuras
sobre el tejido urbano.
Henley indica
que los cambios culturales en relación al vehículo, surgidos a
partir de los años 80 han ido abocando hacia una preferencia por
tratamientos más discretos, reduciendo la contundencia física
prototípica y fascinante de las estructuras realizadas en ese
anterior período. Actualmente continúan emergiendo remarcables
ejemplos pero fundamentalmente es el interés por los factores
conceptuales esenciales planteados en el diseño de estas estructuras
transplantado a otro tipo de tipologías lo que pone de manifiesto
la intensidad de su influencia a comienzos del siglo XXI.
Resurge otro
punto del Manifiesto Futurista cuando se traza la definición de
la arquitectura del parking: la idea de que la belleza de estos
edificios radica en su agresividad, en su extraña presencia contundente
producto tal vez –como señala el autor- del hecho de que
constituyen la antítesis visceral del mundo natural, del perturbador
específico modo en que se expresa su materialidad entre las otras
piezas del paisaje urbano y de las cualidades de sus espacios
interiores. “Medio finalizado, medio en deterioro. Exteriormente,
sus formas y elevaciones pueden sorprender. Interiormente, el
paisaje, material y luz en la que uno se adentra puede ser desconcertante,
a veces terrorífica, y en ocasiones, bella”.
Henley subraya
el hecho que es difícil encontrar en otras obras creadas por el
hombre el nivel de abstracción que alcanzan este tipo de estructuras,
una cuestión que enlazar con su indagación sin respuesta acerca
de nuestra reacción psicológica a ella. No concebido como un espacio
efectista, sino adaptado a los requerimientos pragmáticos de su
función, por qué los estacionamientos generan ese tipo de sensaciones
que entrarían en la categoría freudiana de lo siniestro. Adquirirían
entonces una dimensión metafórica, como una forma arquitectónica
en el que halla una transposición simbólica el pathos del alma.
El terror fascinado ante la infinitud del espacio, la desorientación
del laberinto, que se encarna sobretodo en esos proyectos casi
monumentales de mediados del pasado siglo: “edificios
que pertenecen a una era pasada cuando la ciudad y sus lugares
podían permitirse ser fantásticos e impresionantes”.
La reflexión
sobre diferentes estacionamientos que constituyen piezas cruciales
de la historia de la arquitectura reciente dirige la atención
hacia el redescubrimiento de los valores y belleza arquitectónica
de los parkings anónimos -habitualmente lugares ocultos, asumidos
como entidades arquitectónicas de segunda categoría- para reconocerlos
como variaciones de esta compleja tipología que constituye un
paradigma arquitectónico del espíritu de la era industrial.
“Hemos
adquirido una extraña familiaridad con los aparcamientos”,
escribe Simon Henley, autor de "Architecture of Parking".
Articulo publicado
originalmente en la columna “Arquitectura y diseño”,
caderno “ABCD las artes y las letras“, de ABC Periódico
Electrónico S.L.U, Madrid, en fecha de 20 de outubro de 2007.
Fredy Massad
y Alicia Guerrero Yeste, titulares del studio ¿btbW, son autores
del libro "Enric Miralles: Metamorfosi del paesaggio",
editorial Testo & Immagine, 2004.
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