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architectourism ISSN 1982-9930

Vista de Inhotim, foto Michel Gorski, montagem Victor Hugo Mori

abstracts

português
Uma viagem casual à cidade de Vitoria se transforma numa oportunidade de curtir sua culinária e sua arquitetura. Uma antiga cidade medieval que tem sabido incorporar em sua trama urbana edificios contemporâneos de qualidade.

english
A casual trip to the city of Vitoria turns into an opportunity to enjoy its culinary and its architecture. An old medieval city that has been able to add to its urban pattern a number of high quality contemporary buildings.

español
Un viaje casual a al ciudad de Vitoria se convierte en una oportunidad para disfrutar de su gastronomía y de su arquitectura. Una antigua ciudad medieval que ha sabido incorporar en su trama edificios contemporáneos de calidad.


how to quote

MOSQUERA GONZÁLEZ, Javier. Dos pintxos de arquitectura. Arquiteturismo, São Paulo, año 10, n. 113.03, Vitruvius, ago. 2016 <http://www.vitruvius.com.br/revistas/read/arquiteturismo/10.113/6141>.


Casco Antiguo de Vitoria, España
Foto Javier Mosquera González

Llegamos a Vitoria casi sin querer, sin darnos cuenta, tras un viaje en coche desde Madrid un sábado de primavera. Todavía hace frío, y en estas ciudades norteñas, es normal que veas a la gente paseando con chaqueta y paraguas hasta bien entrado el mes de Junio. El paisaje está verde porque llueve, sino, no sería posible. Pero qué bonito está todo.

Tras desviarnos en la autopista, la ciudad de Vitoria, su casco antiguo, no aparece. En su lugar, estamos rodeados de grandes bloques de viviendas “modernas” a ambos lados de una avenida ancha, anchísima, que nos hace preguntarnos sobre cuál es la escala de la ciudad, y para quién fue pensada, si para el peatón o para el automóvil. Mi mujer, que no es arquitecto pero como si lo fuese, se pregunta con cierto aire de temor qué opinaremos dentro de unos años de las fachadas bailarinas y de los volúmenes caprichosos que se dibujan a nuestro alrededor. Qué ciudad dejamos en herencia a los que vengan detrás de nosotros. Si el urbanismo es dudoso y las viviendas caprichosas, entonces ¿dónde está la salvación? Los nuevos ensanches de finales del siglo XX y comienzos del XXI están dejando en las ciudades españolas modelos que convierten el uso del vehículo en una necesidad obligatoria para poder vivir. Las manzanas residenciales cerradas, con sus piscinas y zonas de juego privadas (sin árboles porque debajo hay un aparcamiento), se han convertido en las fortalezas medievales de antaño. No hay contacto con el exterior porque nada ocurre extramuros. Residencial con residencial, y terciario con terciario. Siguiendo estas premisas de ordenación urbanística, en las que no existe la mezcla, la combinación, la mixtura, el revoltijo (qué palabra más sugerente), es lógico que nada ocurra en esas calles desiertas. Ver a alguien caminar invita a sospechar sobre sus intenciones en el vecindario. Todas y cada una de las fortalezas circundantes se cierran en sí mismas protegiéndose de un ser tan temible como el peatón.

Casco Antiguo de Vitoria, España
Foto Javier Mosquera González

La ciudad de Vitoria aparece ahora sí, frente a nosotros, al final de una gran avenida de mediados del siglo XX. Un ensanche anterior al que hemos visto al entrar, en el que la sección de la calle, las alturas de los edificios, las zonas verdes, los espacios públicos y en definitiva, todo lo que hace ciudad, están bien dimensionados, bien pensados y por tanto, bien disfrutados por sus habitantes. ¿Nostalgia de tiempos pasados? Es posible, pero la realidad es que en estas calles vemos niños jugando y corriendo en los parques públicos y antes sólo veíamos coches.

Decidimos aparcar el nuestro en una calle transitada, para encaminarnos al centro histórico a pie. Una ciudad debe de visitarse andando, caminando, respirando, mirando con los oídos y escuchando con los ojos, que es como realmente lo hace un arquitecto cazador de experiencias. Las calles se suceden, con alineaciones de árboles ordenados en los extremos de las aceras, que tienen el ancho suficiente para que un grupo de peatones se encuentre y charle de manera distendida mientras otros pasamos junto a ellos camino del casco antiguo. Hasta aparecen negocios junto a portales de viviendas. Qué cosa más simple pero qué reconfortante. Hay vida, hay encuentros y por tanto hay movimiento. Parece tan sencillo que todavía no entendemos por qué a día de hoy las nuevas ciudades son tan desagradecidas con sus inquilinos.

Casco Antiguo de Vitoria, España
Foto Javier Mosquera González

De nuevo mi mujer, tan arquitecto ella, me advierte que los coches han desaparecido y que estamos en una zona peatonal, debemos estar cerca de la Plaza Mayor. Ahora las bicicletas se mezclan con los peatones en una especie de danza en dos tiempos. Todo fluye con normalidad, sin molestias, como si siempre hubiesen estado allí. Sin duda lo que más nos llama la atención es el silencio, o mejor dicho la ausencia de ruido, que nos rodea. Claro, no hay coches. Qué cosa más simple, el ruido del motor y de la rodadura de los neumáticos lo tenemos tan asimilado en nuestro cerebro que cuando no está nos parece que algo extraordinario está sucediendo. Pobres desgraciados, que dirían en el pueblo.

Los carteles con indicaciones para los turistas, mostrando los lugares de interés que merecen ser vistos, se suceden en un sin fin de indicaciones que convierten nuestro paseo en una especie de juego en el que encontrar cada uno de ellos supone un triunfo. Como antigua ciudad medieval que es, Vitoria se forjó en lo alto de una cumbre, con una trama de calles concéntricas en altura. Unos anillos ovalados que se conectan entre sí a través de unas calles perpendiculares de fuerte pendiente. Hasta tal punto que la ciudad decidió instalar unas rampas mecánicas públicas, proyectadas por el arquitecto Roberto Ercilla, que salvan el fuerte desnivel existente entre la parte baja de la ciudad y el casco histórico. Se han convertido en un atractivo turístico en parte debido a la estructura que las cubre. Una serie de pórticos que varían de posición, rotando sus ejes, de manera que el ascenso se convierte en un viaje hipnótico, caleidoscópico, que parece transportar en el tiempo al visitante, hasta hacerle llegar a la época medieval.

Casco Antiguo de Vitoria, España
Foto Javier Mosquera González

Parece que hemos llegado por fin al centro de la ciudad. Calles estrechas con viviendas a ambos lados nos rodean, pero de una forma que invita a caminar por ellas. Los bajos se convierten en una sucesión de bares llenos de gente, tomando algo y charlando entre amigos. La calle en sí parece un gran bar en el que hay más de una barra donde pedir algo para comer. Y como en el fondo los seres humanos actuamos por imitación, y además la hora de comer ya estaba cerca, entramos en lo que se podría considerar como un homenaje al pintxo. El pintxo es una especie de tentempié que se toma a la hora del almuerzo, y que consiste en una porción de pan, una rebanada, sobre la que se colocan los más increíbles manjares que uno pueda imaginar y que se coronan, al menos en su origen, con un palillo que todo lo une. Anchoas, jamón, pimientos, verduras asadas, tortillas de patata, pulpo, chorizo, carne guisada, queso… y una variedad infinita de productos se pueden colocar sobre esa humilde rebanada de pan. Acompañado siempre de un buen vino, la experiencia se convierte en algo inolvidable. Pedimos un par de pintxos y salimos fuera a tomarlos mezclados entre la gente, para disfrutar del ambiente, para saborear el bullicio local.

Museo arqueológico de Vitoria, España
Foto Javier Mosquera González

Y es entonces cuando al levantar la vista se alza ante nosotros una obra magnífica del arquitecto Patxi Mangado, el Museo Arqueológico de Álava. Se trata de un edificio en continuidad con el anejo Palacio de Bendaña, y que juntos se convierten en un único elemento que encierra en su interior piezas arqueológicas de incalculable valor. Es por tanto un cofre, un contenedor de objetos preciados que al exterior se muestra como un edificio de bronce, con una fachada compuesta por unas lamas de este material que consiguen fundirse con el entorno histórico en el que se emplaza. La pieza de nueva creación completa la parcela creando un espacio interior que sirve de patio de recepción y acogida de los visitantes, rodeados de nuevo por unas celosías de bronce, ahora más espaciadas que dejan intuir el interior del edificio. Se organiza el complejo en un volumen en altura, con cuatro plantas sobre rasante y dos subterráneas. Las tres superiores se conciben como el espacio de exposiciones y son atravesadas por unos prismas traslúcidos que introducen luz natural en cada una de ellas. A su alrededor se organiza la exposición de las piezas arqueológicas, bañadas por una luz tenue que nos hace viajar en el tiempo hasta épocas pasadas.

De igual manera que nos hace viajar en el tiempo los pintxos que estamos tomando frente a esta gran obra de arquitectura contemporánea. De nuevo, el saber conjugar elementos actuales dentro de un contexto histórico, sin por ello perder su identidad propia, regala a la ciudad un edificio que convive en armonía con su entorno, convirtiéndose en un reclamo para turistas y visitantes, además de un centro de reunión para los habitantes de Vitoria. Nuestro viaje termina aquí, y nos volvemos a casa con el buen sabor de boca que nos dejan dos pintxos de arquitectura, de buena arquitectura, en una ciudad tan especial como Vitoria.

Pintxos, Vitoria, España
Foto Javier Mosquera González

sobre el autor

Javier Mosquera González es arquitecto por la ETSAM UPM, nacido en Madrid en 1983, su labor profesional se centra en la realización de concursos internacional, obteniendo diversos premios en países como México, Corea del Sur, Estados Unidos de América o Italia. Es también profesor asistente de Proyectos arquitectónicos en la ETSAM.

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