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architexts ISSN 1809-6298

abstracts

português
Neste artigo, publicado em duas partes, o autor trata das vicissitudes de arquitetos espanhóis exilados na Venezuela, desde a viagem empreendida por Rafael Bergamín em 1938, até a ida de Amós Salvador a Nova Yorque no ano 1945

english
In this article, published in two parts, the author explains the difficulties of the Spanish architects exiled in Venezuela, from the journey undertaken by Rafael Bergamin in 1938 until the departure of Amós Salvador to New York in 1945

español
En este artículo, publicado en dos partes, el autor trata de vicisitudes de arquitectos españoles exiliados en Venezuela, desde el viaje emprendido por Rafael Bergamín en 1938, hasta la marcha de Amós Salvador hacia Nueva York en 1945


how to quote

VICENTE GARRIDO, Henry. De Venezuela. La ficticia “ilusión” del destierro – Parte 2. Arquitextos, São Paulo, año 11, n. 129.06, Vitruvius, feb. 2011 <http://www.vitruvius.com.br/revistas/read/arquitextos/11.129/3753>.

Javier Yárnoz

Durante la guerra civil, Javier Yarnoz se desempeñó como Arquitecto de la Dirección General de Prisiones (1937), en Valencia, sede del Gobierno de la República Española. Su labor consistía en identificar edificaciones susceptibles de ser convertidas en prisiones, pues se pensaba que la guerra a la larga se iba a ganar y que haría falta gran cantidad de espacios de confinamiento para encerrar a los soldados apresados, pertenecientes al bando nacionalista, quienes se integrarían en un espacio educativo y formador. Yárnoz se desplazará con el gobierno, que pasa a ubicarse en Barcelona, desde donde pasará la frontera para reencontrarse con su familia.

En 1939 llega a Venezuela en agosto de 1939, en el Flandre, uno de los tres barcos con exiliados vascos que llegaron al país como resultado del acuerdo entre el Gobierno venezolano y el Gobierno vasco en el exilio. Comienza a trabajar como delineante en la Sección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. Se residencia en una casa de pensión ubicada en la urbanización El Paraíso (1), en Caracas, pensando siempre que la estadía en el país sería corta y el regreso a España inminente. Se trataba de una de las grandes casas edificadas durante el esplendor de El Paraíso, alrededor de la primera década del siglo XX, cuyas propietarias formaban parte de una familia aristócrata venida a menos. En esa pensión vivía, alrededor de 1945, el entonces estudiante Víctor Fossi, futuro decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (2). Yárnoz trabajaba, para el momento, en el Ministerio de Obras Públicas y, según relata Fossi:

“A veces estudiábamos juntos en la misma pensión con Pedro Lluberes y algunos otros que venían a estudiar con nosotros…, en las tertulias después de la cena, los domingos, … yo hablaba mucho con el arquitecto Yarnoz (sic) y él nos echaba grandes charlas … él trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas … entonces terminó persuadiéndome a mí y a Pedro Lluberes para que estudiásemos arquitectura. Nos habló tanto de las bellezas de la arquitectura, la arquitectura europea…, que nos convenció a nosotros a estudiar arquitectura, no así a su hija” (3).

[Archivo de Mary Carmen Yárnoz]

Hasta el momento, la actividad de profesional de Yárnoz, es para nada acorde con su trabajo previo y con sus méritos. Sin embargo, tiene una compensación en la serie de viñetas que desarrolla, desde 1944, en la revista El Morrocoy Azul. Usando el seudónimo Zonray, una inversión de sus apellidos, crea, entre otras, una serie sobre la Segunda Guerra Mundial que resulta muy llamativa. Asociado con Joaquín Ortiz García y Miguel Hernández fundan una constructora, que realiza diversos edificios de viviendas en Caracas. Separado de la misma en 1946, entre los numerosos proyectos en los que participa se encuentran: el Palacio de Gobierno en San Cristóbal, el Liceo Andrés Bello en Caracas, y diversos grupos escolares en Valencia, Los Teques y La Guaira; el Plan del Hospital General de Barquisimeto (1948). Posteriormente trabaja en la Oficina Técnica Gutiérrez (1949-1951), una de las principales constructoras del país. La reválida su título de arquitecto en 1951, constituye una prueba de esfuerzo y voluntad que Yárnoz supera impecablemente. A diferencia del momento en el que Bergamín obtiene su reválida, prácticamente una convalidación del título, dada la escasa presencia de arquitectos en el país, Yárnoz debe presentar diversas pruebas y ser evaluado a nivel proyectual. Todo ello lo consigue ya con más de sesenta años. Después de la revalidación, reingresa en el ministerio (1952), participando en distintos proyectos de aeropuertos, como el internacional de Maracaibo y el nacional de Barcelona.

Es importante señalar en el caso de Yárnoz su interés y cercanía a temas tradicionales venezolanos, a escenas típicas y folklóricas, un poco en la línea de lo que debe haber presenciado a lo largo de la década de los cincuenta, desde que en marzo de 1948 el poeta Juan Liscano organizara un espectáculo en el Nuevo Circo de Caracas, a propósito del inicio del mandato del escritor Rómulo Gallegos como primer presidente en la historia de Venezuela electo por el pueblo en libre ejercicio de su soberanía, y en el que reunió las principales manifestaciones artísticas del pueblo venezolano. A lo largo de la década de los cincuenta se sucedieron distintas escenificaciones de “lo nacional”, de cariz básicamente urbano, que proponían un imaginario asociado a dicho tema. Yárnoz tendrá una total empatía con dichas manifestaciones, tal como puede verse en sus dibujos y escritos. Su obra pictórica de esta época está llena de referencias a dicho imaginario tradicional. Se trata de acuarelas y series de postales y tarjetas que representan diablos danzantes de Yare, fiestas llaneras, pescadores orientales, etc. En cuanto a sus textos, en 1953 escribe sobre la necesidad de salvaguarda del tesoro artístico de Venezuela, poniendo especial énfasis en la fragilidad de los templos coloniales. El uso de los términos “salvaguarda” y “tesoro” no deja lugar a dudas sobre el precedente histórico que le ha permitido a Yárnoz vincular una cosa y otra: la “salvación” realizada por la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico durante la guerra civil, y la pretendida “salvación” de los bienes artísticos, en este caso arquitectónicos, de Venezuela, sin duda sus templos coloniales.

[Archivo de Mary Carmen Yárnoz]

[Archivo de Mary Carmen Yárnoz]

[Archivo de Mary Carmen Yárnoz]

No podríamos dejar de mencionar la faceta de “inventor” que acompañará durante toda su vida a su curiosidad por las cosas. Muchos de esos “inventos” serán patentados. La última etapa de su labor en Venezuela tiene que ver con el desarrollo de edificaciones médico asistenciales, realizando por ejemplo un proyecto no construido de edificio de “recuperación de niños delincuentes”, para los benedictinos, en Camurí (1955). En 1956, al final prácticamente de su vida, es nombrado Arquitecto Proyectista del ministerio, una larga vía para llegar desde sus inicios como delineante en el ministerio, con una sólida obra arquitectónica construida en España y que no pareció influir en los que lo contrataron, hasta obtener en sus días postreros aquello que debió ser un origen y no un final.

José Lino Vaamonde

Tras su llegada a Venezuela en 1939, José Lino Vaamonde pasa sus primeros años en la ciudad de Valencia. Allí trabaja en el área del comercio. Hacia 1945 se traslada a Caracas. Con Joaquín Ortiz García realiza el edificio Peque (1946), en la urbanización San Bernardino, edificio en el que residirá. Ese mismo año comienza a trabajar en la Compañía Shell de Venezuela, fundando y organizando los Servicios de Arquitectura. En Shell desempeñará diversos cargos, hasta ser nombrado Arquitecto Asesor de la Compañía, el mayor rango arquitectónico dentro de la compañía. El ingreso de Vaamonde en Shell coincidirá con el momento en que la compañía se encuentre en un proceso de reunión de sus sedes caraqueñas en un solo edificio. Hasta 1950 no estará listo dicho edificio, construido en la urbanización San Bernardino, y considerado para el momento el edificio de oficinas más grande de Caracas (4).

Vaamonde entrará en contacto con la filosofía corporativa de una trasnacional, distinguiéndose dentro de la misma por su aptitud para el trabajo en equipo. Las ocupaciones iniciales de la Sección de Arquitectura consisten en el diseño y planificación de viviendas, hospitales, clubes, escuelas, etc., que hasta el momento se traían prefabricadas o en planos. A través de estos trabajos, adquiere un dominio y experticia en relación con el tema central de la dotación de residencias, infraestructuras y servicios para los campamentos petroleros de la compañía. En la década de los cincuenta, la Sección comienza a encargarse del diseño de la estaciones de servicio, gasolineras, lo que constituye un hito dentro del trabajo desarrollado hasta el momento, pues aparte de las características especiales del tema, se trata de la cara más visible de la corporación en la vida cotidiana de la ciudad (5). Vaamonde dirigió la realización de las primeras estaciones de servicio, las de Blandín y Las Mercedes en Caracas.

[Archivo Joselino Vaamonde Horcada]

El trabajo dentro de Shell propició que Vaamonde desarrollara unas tipologías singulares dentro del conjunto de arquitectos exiliados españoles en Venezuela, además de manejar unos componentes técnicos de primer nivel, directamente incorporados por la empresa a sus construcciones y desarrollos en el país. Es así como, por ejemplo, desarrolló proyectos desde la escala urbana de los campamentos petroleros, auténtico micromundo generado por las empresas petroleras que les permitía resguardarse “privadamente” del exterior “agreste”, como los planes reguladores de Lagunillas (1954) o de Altagracia (1958), hasta los trabajos que pretendían entroncar con necesidades “sociales” identificadas por dichas empresas de cara a su exposición pública en el país, como el edificio de Servicio Shell para el Agricultor, en Cagua (1952); o el Centro de Entrenamiento Artesanal de Lagunillas (1953). Otro tipo de realizaciones importantes, dentro de la naturaleza del trabajo desarrollado por la industria petrolera, fue la creación de hospitales especializados, como la Unidad de Quemaduras del Hospital Shell en Maracaibo (1955). Igualmente, los edificios para la distensión, la reunión social y el esparcimiento como el Club Manaure en Cardón (1953). El edificio de oficinas de la Refinería Cardón (1959), y el edificio Shell de Chuao, en Caracas, nueva sede de la compañía, constituyen las últimas obras en las que participó Vaamonde antes de jubilarse de la empresa. El edificio Shell se proyectó y construyó entre 1957 y 1960, bajo la supervisión conjunta de los arquitectos Diego Carbonell, Miguel Salvador, hijo de Fernando Salvador, y del mismo Vaamonde. A diferencia de la sede anterior de Shell, representante de una arquitectura beauxartiana, la nueva sede constituyó una inmersión directa en el desarrollo de espacios corporativos de expresión austera y pretendidamente neutral, dentro de un contenedor de línea impecable y situado como un objeto aislado en un entorno periférico (6).

[Archivo Joselino Vaamonde Horcada]

[Archivo Joselino Vaamonde Horcada]

Dentro de su producción arquitectónica es importante señalar también la serie de edificios educativos que realizó por toda Venezuela, como los colegios Claret, en Caracas (1957); San Francisco Javier, en Punto Fijo (1959); Santo Ángel, en Maturín (1959), etc. En la mayoría de los casos, los volúmenes de las aulas presentan un remate terminal conformado por una serie de bovedillas, rítmicamente dispuestas.


Foto Martha Viaña Pulido, 2007

En el VIII Congreso Panamericano de Arquitectura, en México D. F, presentó parte de los trabajos desarrollados en Shell. También participó en el IX Congreso., celebrado en Caracas. En 1973 publicará en Caracas su libro Salvamento y protección del tesoro artístico español durante la guerra, 1936-1939; recuento de las actividades de salvación del tesoro artístico español, en el que tuvo una participación crucial. Tres años después publicó un artículo sobre el mismo tema, “Objetivo: Museo del Prado”, en la revista Historia 16, nº 7, en Madrid.

Juan Capdevila

Entre 1936 y 1937 es miembro de la Junta del Grupo de Unidades de Fortificaciones y Obras de la Generalitat de Catalunya. Da diversas charlas sobre fortificaciones, siendo designado delegado, sin poder ejecutivo, del Grupo de Unidades de Fortificaciones y Obras (1938). Publica La fortificación de campaña (Barcelona: Sindicato de la Industria de la Edificación, Madera y Decoración, 1938), libro que presenta numerosas ilustraciones del propio autor, obra que sería reeditada en 1939, y cuyo fin era orientar en la creación de trincheras y líneas de defensa en el frente. También participa en una publicación colectiva: Elementos de Fortificación (Barcelona: Grupo de Unidades Fortificaciones y Obras, 1937).Ese mismo año sale por la frontera francesa, iniciando un periplo que lo llevaría a Cannes, París y Marsella, para quedarse al final en Biarritz.

Recala en Lisboa, Portugal, en donde consigue trabajar en la construcción de un laboratorio perteneciente a un empresario que envía ganado a España. En 1940 llega a Cuba, y desde allí, poco tiempo después, se dirige a Venezuela en el vapor Cuba. Empieza a trabajar en la empresa VICA, en los proyectos de las urbanizaciones El Rosal y Las Mercedes, en Caracas. En 1943 se asocia con el constructor vasco Atutxa, levantando numerosos chalets en Las Mercedes. En 1944 trabaja en la Sección de Arquitectura del Ministerio de Obras

Públicas, en Caracas. Sin embargo, al no sentirse a gusto allí, renuncia y se va a trabajar con el ingeniero Pedro Dupuy (1945), con quien no estaría mucho tiempo. Ese mismo año da clases en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela de Caracas. Enseguida comienza a trabajar con el arquitecto venezolano Erasmo Calvani, con quien desarrollará una importante obra arquitectónica entre 1945 y 1963. El primer trabajo que hicieron juntos fue el edificio Las Gradillas, en el centro de Caracas. En esos años realiza un viaje a Nueva York, yendo a visitar a Josep Lluís Sert. Entre las distintas obras que proyectó con Calvani se encuentran: la residencia Buen Pastor, en Los Chorros, un grupo residencial en la urbanización La Lagunita, un Grupo Escolar en El Marqués, el colegio La Consolación, el colegio Chacao, todos en Caracas; grupos escolares en Maracay, Cumaná y Yaracuy; y la Catedral de San Felipe, capital del estado Yaracuy, y el Templo Votivo de Coromoto en Guanare.


Foto Martha Viaña Pulido, 2007

[Colección Odalys Sánchez]

En 1964 regresa, instalándose en Madrid. Se da de alta en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Realiza un conjunto residencial en Pamplona. Se jubila en.1983. Es el único de los arquitectos exiliados que, para el momento, permanece vivo, teniendo actualmente 97 años.

Joaquín Ortiz García

En España realiza una lonja de pescadores en Llanes, un edificio en la línea racionalista asociada al estilo “yate”. Pasa cinco años en República Dominicana. La estadía de Ortiz allí se caracterizó por el manejo de un estilo que él mismo denominó “retoño del barroco español”, con una gran presencia de arcos y ornamentos metálicos retorcidos. Hacia 1945 se traslada a Venezuela. Trabaja en la Sección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, en Caracas. Con José Lino Vaamonde realiza una serie de obras, entre ellas el edificio Peque (1946), ubicado en la urbanización San Bernardino de Caracas. Con Javier Yárnoz y Miguel Hernández crea la empresa constructora Hernández, Ortiz & Yárnoz (1945), realizando varios edificios de vivienda. Yárnoz se separó de la empresa en octubre de 1946.

Alrededor de 1977 Ortiz García regresó a España. No se ha podido encontrar el sitio específico al que retornó ni la fecha de fallecimiento.


Foto Ángel Corripio Abad, 2007

José María Deu Amat

José María Deu Amat es el penúltimo arquitecto exiliado en llegar a Venezuela. Instaladao desde el final de la Segunda Guerra Mundial en Amberes, Bélgica, entró en contacto con miembros del Gobierno Vasco en el exilio, y por intermedio de ellos conoció al agregado cultural de la Embajada de Venezuela, el escritor Fernando Paz Castillo, quien le propuso emigrara a Venezuela, facilitándole desde la Embajada los trámites necesarios para su instalación en el país.

Así pues, llegó a La Guaira el 1 de julio de 1948 en el barco Katumba. En Caracas se instaló, como la gran mayoría de los emigrantes, en una pensión del centro de la ciudad. Se vincula, igual que la mayoría de los arquitectos exiliados, a un organismo público, en este caso el Consejo Venezolano del Niño, en el que trabajará como arquitecto durante un tiempo. Al mismo tiempo desarrollará diversos proyectos en forma particular, contando con el apoyo de amigos como Enrique Ortega, un venezolano que le encarga el diseño de su casa en la urbanización Altamira (1951). Comenzará así la producción de numerosas obras, hechas en solitario, y en el estudio de su casa en las horas libres que su trabajo en la institución oficial le permite. Realizará un edificio residencial de tres niveles de altura, en la urbanización San Bernardino, una quinta, adyacente al colegio Teresiano de la urbanización La Castellana, etc. Pero sin duda, sus trabajos más significativos en Venezuela serán los que realizará con los padres escolapios. A partir de 1952 inicia su relación con ellos, comenzando con el proyecto, ya avanzado, del colegio Calasanz, de Caracas, ubicado en el sector popular de Catia, al oeste de la ciudad. Deu Amat interviene en una obra que ya ha comenzado, transformando los criterios de la misma en función de una arquitectura contenida y muy neutra. En Valencia. También construirá un colegio Calasanz. Aparte, realiza el Colegio Santa Rita (1960), ubicado en la urbanización Santa Mónica; uno de los edificios del Colegio Francia en la urbanización Campo Claro (c.1962), ambos en Caracas, y el proyecto del Colegio Nuestra Señora de Lourdes en Valencia.

[Archivo Deu Amat]

Después de pasar por varias pensiones, Deu Amat recalará en una casa de grandes dimensiones, ubicada en la urbanización El Paraíso, que ha sido dejada por José Antonio Cova al exiliado de origen catalán, y gran jurista, Antonio Moles Caubet, uno de sus mejores amigos. Vivirá durante un tiempo con su familia en dicha casa, residiendo en la planta superior mientras Moles Caubet y otra serie de exiliados comparten la primera planta. Posteriormente se mudará a la casa de los Ortega en Altamira, quienes se la prestarán para que pueda vivir en ella durante un buen tiempo. Posteriormente consigue unas parcelas en la urbanización la Carlota, en las que construye su propia casa y alguna otra.

En 1963 hace un primer viaje a España, instalándose por un tiempo en Barcelona mientras su hijo termina el bachillerato en Perpignan. Allí trabaja en algunos desarrollos inmobiliarios en Castelldefells y en Vilasar del Mar, en donde había sido arquitecto municipal. A su regreso a Caracas vuelve a trabajar en la construcción de varias casas en la urbanización La Carlota.

Eduardo Robles Piquer

Eduardo Robles Piquer es el último arquitecto exiliado en llegar a Venezuela. En 1957, y tras diversos problemas judiciales que sufre en México, llega a Venezuela. Se trata de un segundo exilio. En un principio afronta una solicitud de extradición que cursa la justicia mexicana, lo que le valdrá ser detenido en Venezuela y pasar un tiempo en la cárcel (7). Robles Piquer enfrenta la dramática situación vital, y la opinión pública, en un principio adversa, termina movilizándose a su favor. Como consecuencia de la persecución sufrida se celebra un juicio en el cual es declarado inocente de todos los cargos que se le acusan.

Tras ese comienzo tan duro en Venezuela, Robles Piquer reconstruyó su carrera a tal punto que llegó a convertirse en sinónimo de arquitectura paisajista en el país, llegando además a ejercer una notable influencia pública debido a las múltiples actividades desarrolladas, las que incluían su labor profesional cotidiana, la escritura de la sección fija que tenía en el periódico El Nacional, llamada “Ras-guños”, con el subtítulo “Así lo vi yo”, que firmaba bajo el seudónimo Ras, y en la que incluía siempre la caricatura de un personaje de la actualidad del país; la realización de críticas teatrales y artísticas; y la participación constante en actividades mediáticas como programas de televisión y radio, o en los foros y conferencias que se sucedían en la Universidad Central de Venezuela, y en otros ámbitos culturales.

Pero su actuación como arquitecto paisajista sigue siendo uno de las marcas por las que se le identifica constantemente. Una de sus obras iniciales fue el diseño del jardín de la Casa González Gorrondona en el cerro Ávila, obra de Richard Neutra (1958).Los trabajos por los que obtiene reconocimiento en el país son, sobre todo, el paisajismo de la Universidad Simón Bolívar (1973), consistente en un jardín surcado por senderos organicistas en la más pura línea del paisajismo brasileño; y el Parque Zoológico Caricuao (1977), ambas obras realizadas con Pedro Vallone. Como acto mediante el cual manifiesta lo buena que es su relación con el país, en 1963 adquiere la nacionalidad venezolana. En la década de los 90 su obra gráfica se expone en diversas galerías y universidades de Caracas, y con carácter póstumo en el Colegio de Arquitectos de Madrid, y en Tenerife.

[Informes de la Construcción n. 193]


Foto Martha Viaña Pulido, 2007

Sus caricaturas y semblanzas de personajes venezolanos están recogidas en dos libros: Así los ví yo, [Caracas]: Oceánidas, 1966, y Así los vi yo – personajes venezolanos, Caracas: Monte Ávila Editores, 1970. El título de los libros, que era el subtítulo de su “columna” en El Nacional, seguramente provienen del título del libro de Ángel Carmona González, antiguo matador de toros conocido como Camisero, quien en la década de los 40 publicó un libro llamado ¡Así los vi yo! Alternativas y minucias de matadores de toros, con prólogo de Ricardo García “K-hito” (8), en el que reseñaba datos biográficos y alternativas de toreros, acompañados de una “nota crítica” del autor. Salvando las distancias temáticas, se trata de una estrategia formal similar, en la que se deja constancia personal de diversos “protagonistas” políticos, artísticos y culturales. Además, el libro de Carmona González estaba prologado por K-Hito, uno de los mayores hitos de la ilustración y el cómic en la España de la preguerra, a quien Robles Piquer admiraba mucho, En todo caso, la referencia resulta pertinente, como si de un ruedo se tratara, los personajes de Ras van desfilando por su “tendido”, siendo “evaluados” desde su actuación como “toreros”, siendo sometidos al escrutinio minucioso del que observa.

Contra el desarraigo

A mediados de 1945 Rafael Bergamín dirige una carta a Amós Salvador, instalado en Nueva York, en la que reflexiona sobre el desarraigo:

“Nuestros tiempos ya no pueden volver y si volvemos a nuestra tierra seremos allí extraños o extranjeros. En cambio mis tres hijas han encontrado aquí su vida, sus amistades, hasta su cielo y sus paisajes; ellas serán allá todavía más extranjeras que nosotros. Este es el gran dolor del cual ya nunca nos consolaremos. Nos hemos creído verdaderos revolucionarios y nuestros huesos son demasiado duros ya para conformarnos con perder aquellos lazos, que eran como verdaderas raíces que nos ataban al suelo, al santo suelo español” (9).

Como muestra de su vinculación con el país que le ha brindado acogida, Bergamín forma parte del grupo de arquitectos que se reúnen en tertulias para intercambiar ideas sobre la reglamentación del ejercicio de la profesión en Venezuela, y que conforman el núcleo que da origen a la fundación de la Sociedad Venezolana de Arquitectos. Solían reunirse informalmente, pero rápidamente consideran las posibilidades de fundar una Asociación, con el objeto de agrupar a los Arquitectos. Así pues, el 4 de julio de 1945, en el edificio del Colegio de Ingenieros de Venezuela, Rafael Bergamín, Roberto Henríquez, Heriberto González Méndez, Henrique García Maldonado, Luis Eduardo Chataing, Cipriano Domínguez y Carlos Raúl Villanueva fundan la Sociedad Venezolana de Arquitectos, cuyos fines son: “Dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura; cultivar la ética profesional; establecer vínculos de unión entre sus miembros y propender a la defensa y mejoramiento de la profesión” (10).

Presencia de los arquitectos exiliados

En tanto, se produce en Lausanne el Primer Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). Gabriel Pradal representa a los arquitectos españoles exiliados, presentando un trabajo basado en la recopilación hecha por Bernardo Giner de los Ríos a tenor de la invitación formulada por Pierre Vago, el que durante muchos años sería secretario general de la UIA (11). La ponencia de Pradal significa la representación oficial de la arquitectura española en el marco de la descalificación internacional que había recibido el gobierno de Franco al terminar la Segunda Guerra Mundial. Según Sáenz de la Calzada, “Pradal representó, brillantemente, a sus colegas exiliados en el Primer Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos que se celebró en Lausana en 1948, y para el que habíamos sido especialmente invitados” (12). Por primera vez, el “cuerpo” de arquitectos exiliados se presenta como algo “colegiado”, como un colectivo que asume la representación, breve, pero significativa de la arquitectura española.

En Venezuela, este grupo sigue trabajando en sus diversas áreas, e incluso se contará con la influencia de otros arquitectos exiliados. Gustavo Ferrero Tamayo, miembro de la comisión, es autorizado por el Gobernador del Distrito Federal a trasladarse a Bogotá, Medellín y Cali para buscar información sobre los planos reguladores elaborados por Sert y Le Corbusier y sobre la implementación de las respectivas ordenanzas (13). Ferrero Tamayo estudió arquitectura en Bogotá pues para la fecha la Universidad Central de Venezuela estaba cerrada por el gobierno dictatorial. Allí fue alumno de Santiago Esteban de la Mora, de quien siempre ha destacado la gran labor docente que desarrolló en Colombia.

Josep Lluís Sert formará, conjuntamente con Francis Violich, Maurice Rotival y Jacques Lambert, el grupo de asesores extranjeros contratados por la Comisión Nacional de Urbanismo. Sin embargo, ya Sert había actuado en Venezuela, concretamente en el desarrollo del centro cívico de Puerto Ordaz, así como en la serie de viviendas del campamento de la Orinoco Mining, en la que trabajará con Carlos Guinand Baldó y Moisés Benacerraf. Igualmente realizarán la Unidad Vecinal Pomona, en Marcaibo, conjunto de viviendas de interés social muy en la órbita de las propuestas de Sert en esa época.

[Corporación Venezolana de Guayana]

Félix Candela también tendrá presencia en Venezuela. Aparte de dictar una serie de conferencias, creará una sucursal de su empresa, Cubiertas Ala, en Venezuela. La misma será dirigida por el arquitecto mexicano Guillermo Shelley. Conjuntos como el del club Playa Azul y desarrollos industriales como la Fábrica de la Volkswagen que proyectan Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger en Morón, harán uso de los sistemas de cubiertas de la empresa.

Partida

En 1945, Amós Salvador se marcha de Venezuela. Resulta paradigmática esta salida de Salvador, y la correspondencia mantenida con Bergamín puede brindarnos varias claves del exilio. Su destino es Nueva York, en donde reside su hija Mercedes con su esposo, Demetrio Delgado de Torres, e hijos. La gestión de ingreso en Estados Unidos, que realiza su yerno, es complicada y con muchas trabas (14). En una de las cartas enviadas a Bergamín, Salvador esboza una descripción de la ciudad, así como de las dificultades que la misma entraña para “gente de edad” y sin conocimientos del idioma, una barrera insalvable:

“Estamos viendo un Nueva York muy diferente al normal. Dicen que falta mucha gente joven y que también se echan de menos muchos vehículos. La vida aquí nos parece muy dura para gente de edad, por lo rápida y tumultuosa. El no saber el indispensable inglés nos produce mucha contrariedad. El frío que hemos pasado nos hace temer lo que será aquí el invierno. Los calores del verano también parece que son cosa mayor. Así es que nuestros planes futuros no diferirán grandemente de lo que ahí os expusimos; ver a hijos y nietos; ocuparnos de nuestra salud; conocer un poco de New York;... y volver a trabajar a Caracas. Aquí es imposible hacerlo. La vuelta a España la veo todavía muy lejos a pesar de algunos optimismos que aquí se exhiben y que no se fundan más que en puras ilusiones” (15).

Pero la carta es reveladora también en relación con el ilusorio regreso a España, cuestión ante la que manifiesta su escepticismo. La imposibilidad de conseguir trabajo es otro punto importante, razón por la cual volver a Caracas forma parte de los “planes futuros”, y es que ese regreso implica, entre otras cosas, la posibilidad de seguir trabajando. Sin embargo, nunca más volverá a Caracas. La estadía en Nueva York se prolongará por tres años, viviendo siempre en hoteles, lo que podemos imaginar hasta qué punto habrá resultado extraño para un español del siglo XIX, acostumbrado a un mundo tan distinto (16).

Sobre los exiliados residentes en Nueva York hace los siguientes apuntes:

“La colonia aquí no es muy numerosa ni de mucho pero anda dispersa por el plano de la ciudad y dividida en motivos políticos, algunos muy pintorescos. Hemos visto a los Pittaluga, a los Escobal (ella hermana de Castroviejo), a Antonio de la Cruz dearine, a Enrique Ramos, a Antonio de la Villa, a Vaquero, a Onis, a Weisberger (que todavía vive), a toda la familia de los Ríos (¡los dos viejos magníficos!) a Sert y a su mujer y no sé si a alguno más. Como veis, está Málaga muy bien representada. De política puedo deciros tan poco que prefiero no deciros nada” (17).

Salvador se trasladará luego a Francia, instalándose en Biarritz e iniciando un proceso legal en España, por intermedio de un representante, a fin de recuperar los bienes que le fueron incautados, cosa que logrará a finales de los 40, después de unas largas negociaciones que le permitirán volver a comienzos de los 50.

La ilusión del desterrado

Como metáfora de esa especie de cámara de espejos, la del destierro, en la que se ha extraviado la imagen original, me gustaría comenzar este tramo final del trabajo utilizando la frase que anotara Luis Felipe Vivanco en su diario al conocer la intención de su tío Rafael Bergamín de regresar a España (18). Tras años de silencio, la figura de Bergamín reaparece en el diario de Vivanco en 1956, momento en el que le comunica su decisión de regresar a España (1983: 94) (19). Evidentemente, el reconocimiento que recibió por parte de la ONU el gobierno de Franco, debe haber producido una enorme desazón y un malestar tremendo en Bergamín, todo ello unido a una sensación de cese de lucha, de claudicación, de abandono. No por casualidad pues, un año después de producirse ese reconocimiento internacional, Bergamín manifiesta a su sobrino la posibilidad de regresar.

Ante la noticia recibida, Vivanco responde anotando lo siguiente: “Esa es la ventaja que nos llevan los desterrados: que todavía les ilusiona España” (20). La espléndida frase nos condensa toda una poética del exilio. Pero la misma imagen de excelsa ilusión que Luis Felipe Vivanco observaba en su “tío de América”, es la que le devolvía Bergamín a través de esa especie de “espejo enterrado”, por usar el término de Carlos Fuentes, en el que se debate gran parte del imaginario del exilio arquitectónico español. En la película Spice (2003), uno de personajes comenta: “hay dos tipos de viajeros en la vida, aquellos que parten y aquellos que retornan, los primeros miran el mapa, los segundos miran al espejo…”. Como en la caseta del circo, las numerosas versiones, inversiones y reversiones que las proyecciones devuelven a cada una de las dos orillas, se multiplican babélicamente hasta crear una vacua e inane figura en la que ya nadie se halla reflejado.

[Archivo Familia Bergamín]

[Archivo Familia Bergamín]

[Archivo Familia Bergamín]

[Archivo Familia Bergamín]

notas

NA
Referencia del original: GARRIDO, Henry Vicente. “De Venezuela: la ficticia ‘ilusión’ del destierro”, en Arquitecturas desplazadas. Arquitecturas del exilio español. Madrid, Ministerio de Vivienda de España, p. 53-73.

NE
VICENTE GARRIDO, Henry. De Venezuela. La ficticia “ilusión” del destierro – Parte 1. Arquitextos, São Paulo, n. 11.128.04, Vitruvius, jan. 2011 <www.vitruvius.com.br/revistas/read/arquitextos/11.128/3545>.

1
Yárnoz se convirtió en 1951 en el segundo arquitecto exiliado español en revalidar su título en Venezuela.

2
En la misma pensión vivió, hasta unos meses antes de llegar Fossi, el entonces capitán Marcos Pérez Jiménez. MARTÍN FRECHILLA, Juan José. “Entrevista a Víctor Fossi”, 18 de junio, 1996.

3
La hija de Yárnoz, Mary Carmen, fue compañera de estudios de Fossi en el Liceo Aplicación. Idem.

4
Un edificio proyectado por los norteamericanos Badgeley & Bradbury. Véase en este sentido: GARRIDO, Henry Vicente. “La arquitectura urbana de las corporaciones petroleras: conformación de ‘Distritos Petroleros’ en Caracas durante las décadas de 1940 y 1950”, Espacio Abierto, n. 12/3, 2003, p. 391-413.

5
VILLORIA S., Nelliana; MARÍN, Orlando. “Un arquitecto-urbanista en la industria. Entrevista con Rafael Valery”, Boletín IERU, n. 8, 2000, p. 4.

6
“Having outgrown its building in the San Bernardino section of Caracas, Compañía Shell de Venezuela has just moved into this modern structure at Ciudad Comercial Tamanaco, Chuao, Miranda State, practically within the Capital City”. Véase: “New Shell Home”, Venezuela Up-To-Date, n. X (4), 1960, p. 10.

7
Antonio Granados Valdés relata la intervención de diversos miembros destacados del exilio español en Venezuela a favor de la inocencia de Robles Piquer: “Una de las intervenciones de don Eduardo [Ortega y Gasset] de la que fui testigo, es la que hizo a favor del arquitecto paisajista español Eduardo Robles Piquer, quien exiliado en México había huido de dicho país porque el gobierno mexicano lo acusaba injustamente de un asunto relacionado con una empresa constructora (…)” (GRANADOS VALDÉS, Antonio. Autobiografía. IIª parte: Mi vida en Caracas; 1955-1978. Nerva, Ayuntamiento de Nerva, 2004, p. 83). También fue importante la actuación de Fernando Valera, presidente del Gobierno republicano español en el exilio, quien estaba de visita en Venezuela e intervino a su favor. El resultado fue que Robles Piquer salió en libertad, siendo negada la extradición solicitada desde México, y libre de todo cargo y sospecha.

8
CARMONA GONZÁLEZ, Ángel (Camisero). Así los vi yo! Alternativas y minucias de matadores de toros. Prólogo de Ricardo García “K-hito”. Madrid, Gráficas Unidas, 1947.

9
BERGAMÍN, Rafael. “Carta a Amós Salvador (Nueva York)”. Caracas, 10 de junio, 1945.

10
La Sociedad Venezolana de Arquitectos en el XV aniversario de su fundación. 4 de julio de 1945 – 4 de julio de 1960. Caracas, Sociedad Venezolana de Arquitectos, 1960.

11
Como dolorosa constatación de los vaivenes de la perspectiva internacional, el mismo Pierre Vago que invitó especialmente a los arquitectos españoles exiliados al congreso de Lausanne es el que siete años después abre las puertas de la institución a la representación oficial franquista de los arquitectos españoles, y en 1960 avala y forma parte del jurado del Concurso Internacional de Ideas de la Zona Residencial Elviria, un desarrollo turístico de la Costa del Sol. A su lado, como presidente del jurado aparece Luis Blanco Soler.

12
SÁENZ DE LA CALZADA, Arturo. “La arquitectura en el exilio”, en ABELLÁN, José Luis (ed.). El exilio español de 1939. Tomo V, Madrid, Taurus ediciones, 1978, p. 65.

13
FRECHILLA, Martín. Diálogos…, p. 218.

14
Salvador le comenta a Bergamín sobre las dificultades para ingresar a Estados Unidos a propósito de una petición de ingreso realizada por su hija Beatriz: “Al llegar a Cuba le preguntamos a Demetrio por la suerte que había corrido la petición de Beatriz de ingreso en este país y nos dijo que al buscar los fiadores para la nuestra le aconsejaron que redujera por el momento sus gestiones a lograr dos permisos y que luego solicitara los demás. Ya veis lo que costó obtener los nuestros; pero una vez conseguidos dice que nos escribió preguntándonos si Beatriz insistía en venir por acá. Como por entonces ya había decidido otra cosa nada se hizo. Ahora nos pregunta si desearías que se ocupe de nuevo de este asunto”. SALVADOR, Amós. “Carta a Rafael Bergamín (Caracas)”. Nueva York, 1945.

15
Idem.

16
Un mundo en el que todo era novedad, a diferencia del Nueva York de mediados de siglo: “Voy viendo muchas cosas de esta inmensa ciudad. Es lástima que todo se lo sepa uno ya o por el periódico ilustrado o por las tarjetas postales. Sólo el color ofrece alguna información o alguna sorpresa. Cuando viajábamos hace 45 años todo eran novedades. El otro día entre en el nuevo y magnífico edificio de lo criminal y asistí a una vista: ¡lo mismo que en el cine! ¡Es un fastidio!”. Idem.

17
Idem.

18
VIVANCO, Luis Felipe. Diario 1946-1975. Madrid, Taurus, 1983, p. 94-95. Luis Felipe Vivanco Bergamín, arquitecto y escritor, participó con su tío Rafael Bergamín en el proyecto de la colonia El Viso, quedando encargado del mismo al concluir la Guerra Civil. Bergamín hizo un primer viaje a España en 1957, que fue prólogo de su regreso definitivo.

19
En el diario también se menciona a José Bergamín, quien regresó a España, por breve tiempo, más o menos en la misma época que su hermano. Sin embargo, sus motivaciones, como lo expresa en una carta a Justino de Azcárate, son más radicales: “Más que volver a Europa, a España, lo que yo siento es la necesidad de huir de América. Su atmósfera me ahoga. Llevo viviendo, y mejor diría, muriendo, hace quince años, de esta insoportable agonía”. PENALVA, Gonzalo. Tras las huellas de un fantasma. Aproximación a la vida y obra de José Bergamín. Madrid, Ediciones Turner, 1985, p. 184.

20
VIVANCO, Luis Felipe. Op. cit., p. 95.

acerca del autor

Henry Vicente (Caracas, 1962) es Arquitecto de la Universidad Simón Bolívar (USB, 1988) y Magíster en Literatura Latinoamericana de la misma universidad (USB, 1994). Es Profesor de Teoría e Historia de la Arquitectura de la USB, y ha sido profesor invitado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Universidad Nacional del Táchira (UNET) y Universidad Metropolitana (UNIMET). Entre sus publicaciones se encuentran los libros: La ciudad invisible de Jorge Luis Borges (Caracas: Fundarte/Instituto de Estudios Regionales y Urbanos USB/Arkilíneo, 1999) y El vértigo horizontal (Caracas: Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 1999), trabajos que obtuvieron diversos premios. Asimismo, ha publicado Arquitecturas desplazadas. Arquitecturas del exilio español (Madrid: Ministerio de Vivienda, 2007), catálogo de la exposición, del mismo título, inaugurada en Madrid en mayo de 2007, de la que ha sido Comisario. Su tesis doctoral, en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), versa sobre el mismo tema, concentrándose en el exilio arquitectónico español en Venezuela.

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