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drops ISSN 2175-6716

abstracts

português
Segundo Simón Fique, o projeto Cidadania 2.0, ocorrido no Rio, anuncia um momento relevante onde a esfera do poder público entra em convergência com a sociedade participativa, desenhando um novo conceito aplicável às cidades Ibero-americanas.

english
Según Simón Fique, el proyecto Ciudadanía 2.0, que tuvo lugar en Río, anunció hoy un momento importante de la esfera de gobierno entre en convergencia con la sociedad participativa, dibujando un nuevo concepto aplicable a las ciudades de América Latina.

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FIQUE, Simón. Quince días de iniciativas ciudadanas. Reflexiones alrededor del Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana en Rio de Janeiro. Drops, São Paulo, año 16, n. 100.07, Vitruvius, ene. 2016 <http://www.vitruvius.com.br/revistas/read/drops/16.100/5904/es_ES>.



Vivimos un momento en el cual la cultura digital ha permitido conexiones antes inimaginables y ha abierto las puertas a un nuevo paradigma de construcción colaborativa de los procesos y a los cambios sociales consecuentes, con la participación directa de la ciudadanía y de grupos antes excluidos de estos procesos. Se trata de una transformación de la cultura del download a la cultura del upload (1). Dentro de este espíritu de la época se desarrolló, en noviembre pasado en Rio de Janeiro, el segundo Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana – Labic, en el cual tuve el placer de participar, como colaborador en el proyecto Plaza, Instrucciones de uso, que buscaba la activación de espacios públicos por medio del juego y de materiales de desecho. A continuación se exponen algunas reflexiones al respecto.

El evento fue parte del proyecto Ciudadanía 2.0 (2), coordinado por la Secretaría General Iberoamericana – Segib, cuyo objetivo es fomentar la innovación ciudadana en el espacio iberoamericano. Aplicada al ámbito de ciudadanía y, según el material disponible en la página de Ciudadanía 2.0 (3), la innovación ciudadana se busca con base en iniciativas que desarrollan metodologías y técnicas innovadoras para la búsqueda de soluciones a problemas sociales, creadas colectivamente, involucrando activamente a la ciudadanía en los procesos y buscando fomentar la inclusión social. Su materia prima es el ‘nuevo ciudadano’, un participante activo, tanto como coproductor, como destinatario de estas iniciativas, y su principal herramienta son las tecnologías de la información y la comunicación, como medio facilitador del trabajo colaborativo.

Una forma de materializar estas intenciones son los laboratorios ciudadanos. El formato del Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana en Rio de Janeiro reunió, durante dos semanas, doce proyectos, cada uno con un promotor, y a doce equipos de colaboradores para su desarrollo. El escenario específico fue el icónico Palacio Gustavo Capanema, diseño innovador en su momento, donde, en medio de murales del pintor Candido Portinari, se dispusieron las doce mesas correspondientes a los equipos. Una de las bases de la idea de innovación ciudadana es la de interdisciplinaridad y las de diversidad de orígenes y formaciones de la ciudadanía activa. Por ello, los doce proyectos se enfocaban en temas tan diversos como la identificación de focos de dengue, la sensibilización de datos por medio de la realidad virtual o aumentada, la creación de redes de comunicación (internet) libres y de radios comunitarias, o el mencionado más arriba. Igualmente diversos eran los orígenes de los participantes, quienes provenían de todo el ámbito iberoamericano. Desde el principio se impulsó la interacción y colaboración entre los equipos, y en ella jugó papel fundamental un equipo de organizadores y mediadores. Así, al final de dos semanas de intensa actividad y de la connatural creación de redes, se presentaron los resultados de los proyectos con la presencia del ministro de cultura de Brasil, Juca Ferreira, y de Rebeca Grynspan, Secretaria General de la Segib. Sus palabras en ese momento de la clausura reflejan el espíritu del evento y de la idea de innovación ciudadana promovida en él, al resaltar la importancia del fomento de las iniciativas ‘desde abajo’, e, incluso, al cuestionarse la manera en la cual sus propias instituciones venían desarrollando políticas y programas al respecto.

Ahora bien, un evento como este, y las experiencias y reflexiones a que da lugar, permiten destilar una serie de enseñanzas y suscitan comentarios que vale la pena hacer en este momento.  En primer lugar es pertinente hablar de la mayor importancia del proceso, sobre la del producto finalizado, puesto que, en el marco de un formato de laboratorio, aun cuando el producto puede resolver una situación específica, el proceso es replicable y adaptable a diversas condiciones, y es allí donde reside el mayor valor lo aprendido. Evidentemente, cada equipo llegó a un resultado que, en mayor o menor medida, se ajustó a las expectativas y a los objetivos iniciales y esa meta guio el trabajo de los colaboradores y promotores. Sin embargo, el valor real del conocimiento adquirido y compartido empieza a evidenciarse después del Labic, en la proliferación y sistematización de este tipo de iniciativas en los diferentes contextos de los participantes y en la continuidad que tienen los proyectos trabajados. Es allí donde el valor del proceso se ve, en la medida en la que provee las herramientas y capacidades para enfrentar y superar de manera colaborativa, distintos obstáculos en diferentes contextos. Un ejemplo de esta continuidad puede verse en el proyecto Sinergia de la Diversidad Iberoamericana, en el cual se intentaba elaborar una metodología para el análisis de las dinámicas que se generan en un ambiente de creación colaborativa y desarrollar un proceso de análisis que cualquier persona pudiese aplicar. El grupo recolectó datos y desarrolló metodologías, pero el análisis de estos resultados sigue en proceso, desde los contextos de cada participante. Igualmente, en palabras del documento de Ciudadanía 2.0 sobre los laboratorios ciudadanos (4), y también de Felipe González, miembro del equipo de moderadores, su potencial está en la expansión de este conocimiento a otros ámbitos de la ciudad y la sociedad, en atravesar los límites mismos del Laboratorio, para recibir e impartir experiencias y reflexiones. En ello el conocimiento del proceso y sus metodologías y posibilidades, siempre flexibles, es fundamental. En el proyecto ‘Plaza, Instrucciones de Uso’, promovido por Miguel Rodríguez del colectivo Basurama (5), por ejemplo, el equipo se vio enfrentado a múltiples inconvenientes y momentos de ‘crisis’, desde la falta de materiales a la ausencia de relación con un actor local que ayudase a gestionar la intervención. Es en lo aprendido en la superación o reinterpretación de estos obstáculos, por medio de recorridos, mapeamientos, elaboración de manuales, sesiones colaborativas y demás (6), donde reside buena parte de la innovación del proceso. El resultado puede ser muy variado, tanto como la diversidad de circunstancias y posibilidades que se presentan al buscar intervenir en los espacios públicos de una ciudad como Rio de Janeiro.

Este tipo de eventos y procesos solo son posibles gracias al trabajo en conjunto de una serie de instituciones (en este caso la Segib, el Medialab Prado, el Ministerio de Cultura de Brasil, entre otros) y su acercamiento a un contexto y a una ciudadanía específicos. Es allí donde reside otra de las importantes enseñanzas de la experiencia del Labic: el acercamiento entre las instituciones y la ciudadanía, entre iniciativas ‘desde arriba’ y ‘desde abajo’ – o, en palabras de Michel de Certeau, entre la estrategia y la táctica (7). La puesta en valor por parte de estas instituciones de las iniciativas ciudadanas, es fundamental para la innovación ciudadana y la inclusión social que esta procura. En la medida en la que la mentalidad ‘hacker’ que predomina en los laboratorios ciudadanos sea reconocida por las instituciones, lo cual es parte de lo propuesto por Juca Ferreira en su intervención al cierre del Labic, se potenciará la capacidad creativa y colaborativa de la ciudadanía, y será, incluso, posible traducir propuestas de este tipo en políticas públicas para el fomento de la innovación ciudadana. Se trata de que las iniciativas ciudadanas trabajen no solo, y no siempre, desde la ‘resistencia’, desde la oposición y con los recursos mínimos, sino de buscar la manera de que las instituciones se pongan de lado de tales iniciativas y las impulsen, como lo dice, y lo ha logrado, Gabriel Visconti, participante del Labic y miembro del equipo del proyecto ‘Espacios de Paz’, que trabaja en la intervención y activación de espacios en desuso en comunidades vulnerables de Caracas y otras ciudades venezolanas, por medio de procesos participativos (8).

Frases e intercambios de opiniones como este son la muestra de un tercer punto clave en la experiencia de los laboratorios ciudadanos, que forma parte de su esencia. Las relaciones, conexiones, contactos y redes que se construyen en un reducido pero intenso espacio de tiempo, como es este caso, son un reflejo de la importancia de ese contacto directo, cara a cara, en la construcción de conocimiento colectivo. Es cierto y claro que las tecnologías de la información y la comunicación permiten trabajar de manera efectiva a distancia y construir conocimiento a través de la red, pero la calidad de este contacto no puede compararse con las relaciones que se construyen en un ámbito como el de un laboratorio ciudadano. Los documentos colaborativos de Ciudadanía 2.0 lo reconocen claramente, al hablar de “una atmósfera de trabajo pensada especialmente para el encuentro, la cooperación y el intercambio, donde caben la vida y los afectos, el valor de lo informal y de la cercanía” (9). En dos semanas, con sus días de trabajo, con la intensa actividad nocturna que ofrece Rio de Janeiro y sus noches de samba y chorinho, con los recorridos por sus barrios diversos, con visitas a comunidades, con jornadas en la playa, se forjan amistades y relaciones que solo el contacto directo permite. Esto, sumado a la diversidad de los participantes, se constituye como la semilla de futuras y amplias redes colaborativas de relaciones profesionales y personales, algo invaluable en el mundo de hoy.

Ciertamente, como toda actividad experimental, estos laboratorios forman parte de un proceso y su formato puede ser cuestionado. Es importante mencionar, por ejemplo, que en ciertos casos faltó suficiente gestión previa al evento, para lograr conexiones y contactos más eficientes con las comunidades que podrían beneficiarse de los proyectos pero, de nuevo, hay que insistir, estas dificultades fueron excusas para que los grupos de trabajo buscaran otras maneras creativas para desarrollar sus proyectos y fortalecer el proceso. Podría decirse, también, que, aunque la organización procuró involucrar a diversos participantes del mismo Rio de Janeiro (aproximadamente 50% de los participantes eran brasileros), buena parte de la producción y de los procesos se podrían haber desarrollado y quedado solo dentro del espacio del Palacio Capanema. Sin embargo, los grupos y la organización también supieron reconocer y aprovechar esta carencia durante el laboratorio, buscando expandir las fronteras del evento hacía la ciudad y recibir de ella todo lo que fue posible. Con todo, es importante reconocer el valor de que este tipo de eventos se desarrollen, impulsados por las instituciones pero con una fuerte mentalidad ‘bottom up’, en nuestro contexto iberoamericano.

En una corta pero concisa entrada en un blog de El País, Raúl Olivan habla de las ciudades como ‘grandes repositorios de abundancia’ desaprovechada, pero que, en un contexto como el de las prácticas colaborativas y la ciudadanía en red, puede utilizarse para subvertir la lógica capitalista de la competitividad y establecer una dinámica redistributiva (10). La puesta en valor y la diseminación de iniciativas ciudadanas innovadoras, surgidas o no de contextos como los laboratorios ciudadanos, son una herramienta fundamental para ello, más aún en Iberoamérica, en donde, sin duda, hay una enorme fuente, aún en su mayoría no reconocida, de acciones ciudadanas espontáneas y tremendamente innovadoras. Está en las manos de todos nosotros continuar el proceso.

notas

1
CIUDADANIA 2.0. Documento colaborativo Innovación ciudadana en Iberoamérica. Web principal de Ciudadanía 2.0, ago. 2013. Consultado el 29 de diciembre de 2015. <http://ciudadania20.org/innovaciudadana/>.

2
Para mayor información, consultar <www.ciudadania20.org>.

3
CIUDADANIA 2.0. Documento colaborativo ‘Laboratorios Ciudadanos: espacios para la innovación ciudadana.’ Página 1. 6 de diciembre de 2014. Consultado el 29 de diciembre de 2015. <www.ciudadania20.org/wp-content/uploads/2014/12/Documento-Colaborativo_LabsCiudadanos.pdf>.

4
Idem, ibidem, p. 6.

5
Para más información sobre Basurama, ver <http://basurama.org/>.

6
Para más información sobre el proyecto ‘Plaza, instrucciones de uso’, ver: <https://www.facebook.com/plazas.instrucciones/?fref=ts>.

7
Para más información sobre el tema, ver: MEDINA, Paula Abal. Kairos – Revista de Temas Sociales, año 1, n. 20, Universidad Nacional de San Luis, nov. 2007 <www.revistakairos.org/k20-archivos/abalmedina.pdf>.

8
Para más información sobre Espacios de Paz, ver: <www.archdaily.co/co/tag/espacios-de-paz-2015>.

9
CIUDADANIA 2.0. Documento colaborativo ‘Laboratorios Ciudadanos: espacios para la innovación ciudadana.’ Página 7. 6 de diciembre de 2014. Consultado el 29 de diciembre de 2015 <www.ciudadania20.org/wp-content/uploads/2014/12/Documento-Colaborativo_LabsCiudadanos.pdf>.

10
OLIVAN, Raúl. Las ciudades como grandes repositorios de abundancia. Blog Alternativas, El País. 07 dezembro de 2015. Consultado em 29 dezembro de 2015. <http://blogs.elpais.com/alternativas/2015/12/las-ciudades-como-grandes-repositorios-de-abundancia.html>.

sobre el autor

Simón Fique es arquitecto de la Universidad Nacional de Bogotá, miembro fundador de Ensamble AI, oficina de arquitectura y urbanismo que desarrolla proyectos en diferentes campos desde 2012 y parte del equipo de ganadores del Premio Corona Pro Habitat 2015. Tiene estudios de arquitectura en la ETSAM de Madrid y un interés especial por los fenómenos urbanos y las prácticas colaborativas alrededor de estos. Obtuvo varios reconocimientos por su tesis de grado “Vitalización de un borde urbano, la Calle 26 en Bogotá”, realizada en conjunto con Lorena Rubiano.

Proyecto Plaza, instrucciones de uso: activación de espacios públicos por medio del juego y materiales de desecho
Foto Simón Fique

Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana
Imagem divulgação

 

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