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Leandro Medrano entrevista a José María de Lapuerta, arquitecto y profesor catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid – ETSAM-UPM.

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MEDRANO, Leandro. Entrevista a José María de Lapuerta. Vivienda, tecnología e urbanismo. Entrevista, São Paulo, año 17, n. 065.02, Vitruvius, feb. 2016 <https://vitruvius.com.br/revistas/read/entrevista/17.065/5928>.


Viviendas Sociales en Txurdinaga, 2005-2009. Arquitectos Jose Maria de Lapuerta y Carlos Asensio
Foto divulgación

Leandro Medrano: Se han publicado algunas criticas a la escasa innovación tipológica y tecnológica en la producción de viviendas en España en las últimas décadas. Algunos autores, como Antonio Miranda, hablan, incluso, de la imposibilidad de una adecuada y completa actuación en el campo de la vivienda, sin la transformación de nuestro modelo de sociedad. O sea, si la vivienda y la ciudad son mercancías, las posibilidades de la arquitectura son mínimas. (Una critica marxista a la línea de Tafuri de los 1960…, que siegue a Adorno etc.). ¿Cómo ves la actuación del arquitecto en estos momentos de crisis y cambio de modelo económico? ¿Será posible mantener la calidad de las viviendas sociales sin el “Estado de bienestar” europeo?

José María de Lapuerta: El lunes empezaba el curso de mi cátedra de proyectos. Tenía que lanzar un mensaje, inevitablemente, optimista a unos alumnos que empezaban sus estudios. Ellos los empiezan sabiendo que no les va a tocar esta crisis, pues terminarán la carrera alrededor del año 2018, y en 2018 o no existe esta crisis o la crisis es otra. Quería hacerles saber que su campo de trabajo nunca ha sido tan interesante, amplio, y apasionante; que nunca ha tenido tantas posibilidades. Mientras el arquitecto hace unos años hacía edificios, ahora, además de vivienda, hace interiores, paisaje; trabaja con los nuevos modelos de energía; y con el factor del desplazamiento demográfico: tenemos treinta y cinco millones de desplazados en el mundo, los cuales se mantienen desplazados durante una media de siete años. Por tanto, entra en juego todo lo que tiene que ver con la actividad humana, con lo que el hombre hace. Nada de lo que la actividad humana hace le es ajeno a la arquitectura. Y todo eso va a nutrir el campo de trabajo del arquitecto. Es cierto que Holanda, por ejemplo, tiene una tradición en la que el debate sobre la ciudad es absolutamente común entre la gente no arquitecta. Un debate de la sociedad civil. Allí, se ha hecho, en ocasiones, una vivienda menos experimental y más repetitiva, pero hay unas propuestas urbanas sólidas sobre las que muchas personas opinan. Creo que en España el Estado de bienestar no implica un empeoramiento de la calidad de la vivienda, pero sí nos obliga a reflexionar profundamente sobre lo que ya tenemos y sobre cómo actualizarlo. Esa reflexión del arquitecto sobre lo existente implica una vuelta a los orígenes de la profesión, en tanto que profesión de servicio. Una profesión en la que ha de haber espesor intelectual de cara a hacer las mejores preguntas y ver cosas que otros no han visto para, así, devolverlas a la sociedad.

Viviendas Sociales en Txurdinaga, 2005-2009. Arquitectos Jose Maria de Lapuerta y Carlos Asensio
Foto divulgación

 

LM: Hay otras críticas que apuntan hacia la falta de innovación de las soluciones de plantas en relación a los cambios en las estructuras familiares. Dichas críticas, siguen la corriente que viene de los 90 y proponen cambios en la organización interna de la vivienda para adecuarla a las nuevas formas de agrupamientos sociales de la actualidad y a las nuevas tecnologías de comunicación e información (TICs). ¿Cómo ve la evolución de este debate en las últimas décadas?

JML: Efectivamente el debate es conocido por todos. La vivienda ha evolucionado menos que la oficina, pues sigue tipologías de hace veinte o treinta años, y no incorpora asuntos que sí han incorporado los usos terciarios: industriales, oficinas.  En esto estamos todos de acuerdo. Tú puedes alquilar cuarenta metros de oficina y si necesitas setenta el año que viene, subes a setenta. Luego a ciento veinte. Luego reduces a cuarenta, prácticamente, en el mismo edificio, con aseos desubicados, con fachadas y pieles muy ricas, que en vivienda no existen… Ello se debe, en gran parte, a lo conservador que es el promotor, que quiere vender lo mismo, basándose en criterios antiguos y estúpidos. Pero también a que el comprador es conservador. Es la mayor inversión de su vida, y quiere comprar algo que pueda poner, fácilmente, en el mercado, y, así, cambiarlo por la inversión económica que hizo. Él quiere comprar un bien que se pueda cambiar en la bolsa de cambio cada día, y que sea igual al bien que está ahora mismo vendiendo. Cuando promotor y comprador están de acuerdo acerca de estos criterios antiguos, el asunto es complicado. El arquitecto ha de tener esa visión clarividente y mostrar las cosas que son viables. Y tiene que hacerlo de la mano de los poderes públicos y de los industriales. Es una labor difícil, porque está trabajando sobre un terreno conservador. En chino, el ideograma que representa la palabra vivienda, significa “cobijo”, “habitar”. Es algo femenino. Sólo los más jóvenes y los más veteranos son capaces de apostar por un cambio en la forma de vivir. En ese sentido, sí caben más experimentos y más debate. Adecuar la vivienda tipológica a lo que ahora se necesita. El arquitecto tiene que proponer esas cosas. Cuando antes hablaba de trabajar sobre lo existente es porque es posible. Por ejemplo, proponer viviendas para padres divorciados, comprando dos pisos y entrando por dos sitios diferentes; dividir los pisos grandes antiguos en siete pisos para estudiantes, con vistas a que sea más rentable. Todo eso lo debe abordar el arquitecto de la mano de promotores, industriales y poderes públicos.

LM: Y en relación al Diseño Urbano. ¿Crees en la necesidad de cambios o en la permanencia de lo tradicional?

JML: Creo que hay que hacer cambios. La ciudad europea de gran densidad es un buen modelo de vivienda, en cuanto a cómo esa densidad va a usar el espacio público. Pero en cuanto a lo urbano, en general, creo que hay que hacer cambios. Al arquitecto se le llena la retina con imágenes de otras ciudades, gracias a un mundo que nos permite ir de Venecia, a Marrakech, o a San Paulo en un corto espacio de tiempo. A la retina nos vienen imágenes de ciudades fantásticas: esa plaza de Marrakech al atardecer, las callejuelas de una ciudad europea, la manera de llegar a Venecia,  lo que hemos visto en Holanda o en San Paulo… Traer a tu ciudad trozos de otras ciudades soñadas y proponer en espacio público novedoso y arriesgado. Yo creo que esto es bueno. Por contra, el mal arquitecto, unido al mal político, tolera hasta límites que producen sonrojo. Claro que hay que rescatar las cinco calles más bonitas de una ciudad del siglo XII. Pero el mejor arquitecto es aquel que provoca diálogos entre ciudades soñadas, entre la ciudad que fue y la que será. Cuanta más envergadura y más riqueza, menos morirán las ciudades y más vida tendrán.

Viviendas Sociales en Txurdinaga, 2005-2009. Arquitectos Jose Maria de Lapuerta y Carlos Asensio
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LM: Los principales ejemplos de urbanización y diseño urbano, en España, fueron hechos con la supervisión de organismos estatales fuertes, como la EMVS, SEVES etc. ¿Crees que es posible mantener la calidad en este nuevo modelo liberal que parece adoptar Europa tras la crisis de 2008?

JML: Creo que sí. Una de las funciones del arquitecto es que, poco a poco, en Brasil, en España, etc., se entienda que la ciudad es algo de todos. De igual modo que la gente tiene conciencia de que la sanidad debe ser algo público, universal y gratuito. Hay, pues, que intentar que el espacio en que se vive sea un objeto de interés y debate para todos. Cuando ese momento llegue, el modelo liberal no tendrá lugar. Pues si la ciudad es algo que uno ama, si uno sabe en qué tipo de ciudad es más feliz, si se entiende que la ciudad es un bien público, entonces el modelo liberal no tendrá nada que hacer. Podrá maniobrar en su pequeña parcela, cuando le dejen hacer el extrarradio. Pero si el habitante ha reflexionado sobre la ciudad y sobre el espacio público también le exigirá ese debate. De manera que lo más urgente es abrir los ojos, esclarecer. Dejar claro que la arquitectura es un asunto que tiene que ver con la felicidad y la sociabilidad. Que las proporciones, la densidad, el lugar donde se sitúan los comercios dan felicidad. Si ese debate se hace público y cotidiano, se acaba el peligro liberal, pues la gente va a buscar esa felicidad. Si el ser humano entiende que puede tener derecho a un espacio público donde salir y encontrarse con sus amigos; que puede tener derecho a unas estructuras, a una manera de comprar, a una manera de entender la actividad cultural, a una manera de pasear, o de pagar menos energía…, entonces sí, la calidad de la arquitectura en España no correrá peligro.

LM: ¿Cuáles crees que son los principias desafíos para los arquitectos en relación a vivienda colectiva en el mundo contemporáneo?

JML: Hay dos cuestiones. La primera consiste en que el arquitecto es hoy, definitivamente, un arquitecto global, como muchas otras profesiones. Por tanto, se eliminan trabas para poder debatir. Gracias a la tecnología, que nos permite estar en cualquier parte del mundo, trabajando en equipos multidisciplinares, con personas de veinte nacionalidades distintas, la red, esa red que ya funciona en muchos lugares de América, será cada vez más amplia. Este es un asunto muy importante. En segundo lugar, el arquitecto se debe a una profesión que no se acaba nunca, como el París de Hemingway. Pues ha de trabajar con una materia tan amplia y versátil como la actividad humana. Debe rodearse de otros profesionales y emprender, con la misma intensidad, la ciudad, o la vivienda; el mueble o el dormitorio. Ha de ser consciente de su responsabilidad, una responsabilidad casi política, ante la sociedad. Su profesión toca y abarca todos los momentos de la vida del hombre en un mundo global. No es, sin embargo, deseable ese arquitecto, colocado de puntillas, que cae fácilmente cuando lo empujas, pero que se aprovecha de que los bolsillos de los políticos. Esa es la arquitectura de lo no responsable, del despilfarro. La vuelta al hábitat y a la vida participativa en la arquitectura (que la gente participe más en esa arquitectura); ahí veo yo el futuro de las generaciones jóvenes que están empezando ahora y cuyo interés por el mundo y la sociedad es distinto del interés que ha movido a generaciones anteriores. Soñando ciudades, tendiendo una mirada más educada, cultivada y capaz de detectar cosas que otros no han visto. Mirando ciudades como San Paulo o Madrid con la mirada de alguien limpio, con esa capacidad de ser extranjero y de detectar los problemas sin prejuicios. Ese arquitecto, cuyo mundo es tan amplio, va a ser, seguro, útil a la sociedad.

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