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architexts ISSN 1809-6298


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MASSAD, Fredy; GUERRERO YESTE, Alicia. La forma de lo imperfecto. Impresiones de Enric Miralles. Arquitextos, São Paulo, año 01, n. 008.07, Vitruvius, ene. 2001 <https://www.vitruvius.com.br/revistas/read/arquitextos/01.008/932>.

“La tetera se había vuelto mais bella tras haberse roto e haber sido depois reparada com primor, por ese elemento de WABI, imperfecção, irregularidad de a grieta reparada” (Gillo Dorfles, Elogio de a inarmonia)

Enric Miralles (1955-2000) – graduado en Arquitectura en 1978 – comenzó a colaborar en el estudio de Viaplana y Piñón en 1973. En 1984 formó en Barcelona un estudio junto a Carme Pinós, destacando entre todos los proyectos conjuntos el del Cementerio de Igualada. La asociación concluyó en 1989. En ese año, Miralles estableció el estudio en el que ha continuado trabajando. Simultáneamente, desde 1981, ejerce como docente en diversas universidades de Europa y Estados Unidos.

Entusiastamente se resaltan de los trabajos de Miralles una serie de capacidades y cualidades: el diálogo que sus obras establecen con el suelo y el paisaje donde se construyen y su fuerte identidad pese a las influencias: la conjunción de numerosas tradiciones asimiladas hasta derivar en la formación de un espíritu/carácter autóctono que obliga a afirmar que la arquitectura de Miralles sólo podría ser obra surgida del lugar al que el arquitecto pertenece.

Después de haber conversado un largo rato con él y haber hecho algunas anotaciones sobre sus ideas para realizar un artículo, levanté mi vista. Miralles corría de un lado a otro de su inmenso despacho: no podía perder ni por un instante el control de sus proyectos. Se desplazaba gigante, con una brutal armonía. Como un maestro medieval, impartía su parecer a los que allí trabajaban con él.

Su arquitectura sorprende (como casi un siglo después lo sigue haciendo la obra de Antonio Gaudí) posiblemente porque la obra del catalán, maestro que ha aprendido bien la Alquimia de la Arquitectura, que a través de golpes de fuerza, humor (negro) y desparpajo, sigue aún conservando una poesía capaz de provocar mediante la percepción visual una experiencia que redimensiona la realidad.

“Yo afirmo lo siguiente: hay que llamar Arquitectura no a unos objetos construidos de acuerdo con unas ciertas técnicas y materiales, sino a un modo de imaginar” (1).

Hasta ahora, gran parte de mi trabajo era secreto o más personal. Hoy yo estoy más interesado en mostrar el tipo de material que está alrededor de las cosas, para que las cosas se entiendan (aunque se entiendan mal). Yo diría que casi todo nace siempre de referencias conceptuales. Es decir, que cuando hablas de agrupación de gente en un estadio donde han de caber 150 000 personas, que es mayor que una pequeña ciudad... Están esos textos fantásticos de Canetti en los que habla sobre la masa y su movimiento y usa una serie de analogías muy bonitas, por ejemplo en el sentido de la playa, la costa, el ir y volver. Canetti habla de cómo llevaban una especie de movimiento continuo. Se me ocurrió que el peinado sería una de las mejores analogías físicas. Se me ocurrió que el peinado sería una de las mejores analogías: pensar que el grupo de gente nunca estuviera concentrado, cerrado, como tantos edificios en los que cuando se acerca la gente funcionan como una barrera...ese tipo de construcción en que te parece que la masa vaya a tirar al edificio. Me gustaba la idea de que la gente se perdiera y se reagrupara...La analogía del cabello me gustaba mucho: el acto de reagruparse lo entiendo como un acto similar al de peinarse...la libertad que tenemos de modificar la forma de nuestro pelo. Y me hizo gracia pensar en las máscaras japonesas, como las del Teatro del No, donde a la cara se le niega cualquier expresión, la figura está sólo ligada al modo de mover el cabello. Estas son cosas privadas y personales, sólo tienen interés en el sentido de establecer una comunicación, un entendimiento, más que darle ninguna especie de categoría fundacional a nada.

Normalmente nos sentimos tentados a clasificar o comparar un cierto hecho arquitectónico con otros que lo precedieron. La dificultad de este ejercicio puede ser mayor o menor. Pero llevarlo a cabo no siempre es necesario para acrecentar nuestro conocimiento. Solamente en ciertas ocasiones puede transformarse en el camino de fácil acceso a la obra de un autor, pero en otras se torna baladí y terminamos haciendo de ésta una innecesaria necesidad incondicional.

Posiblemente, lo que más nos importa en la arquitectura de Enric Miralles es la búsqueda incansable de la libertad como motivo en su obra. La noción de sentirnos frente a una forma de arquitecturar que se redescubre, que es curiosa frente a la anquilosada formalización de otras y a la fácil codificación cuyo factor más indispensable es la posibilidad de sentir.

Para mí, la forma está completamente relacionada con tejer las hipótesis constructivas. No sirve de mucho dibujar una viga, prefiero saber dónde está, qué cualidades tiene.

La idea fundamental es que el proyecto nace de una conversación con otras personas de manera que esa especie de conversación a uno le permite entrar en la realidad no de un modo impuesto. Yo creo que la mejor maqueta de un proyecto es la conversación. Relacionado con esto hay un trabajo propio del arquitecto que a mí me parece muy importante.

El impulso muy personal que me ha hecho avanzar era el deseo de aprender la profesión. Mi arquitectura, que aunque luego tiene resultados muy concretos, yo diría que una de las cualidades principales que a mí me parece tener es que está basada en la curiosidad, en el descubrir otros proyectos, en el descubrir ideas que uno ha sido capaz de pensar. Es un trabajo fundamentalmente curioso. A lo mejor siendo muy joven me ha interesado más el aprender una profesión a través de casos particulares... dejarte llevar mucho más por la curiosidad y por la intuición que por lo sistemático.

“Las personas atentas al método no suelen estar interesada en los afectos de la Arquitectura. Sólo están interesadas en el proceso, el proceso del proceso, el metaproceso” (2).

Yo creo por eso que método, la palabra, tiene otras connotaciones. Diría que no sé trabajar con ella. Lo cual quiere decir que,si analizara mi trabajo, lógicamente, en él hay unas ideas básicas, hay un modo de trabajar que, sin embargo, para nada presentaría como un método (es decir, en el sentido cerrado que se produjo en la Arquitectura como una especie de disciplina autónoma).

“La condición de acabado o trabajado no implica criterios de finalidad. Muchas ‘metas’ (métodos) quedan sin alcanzar, pues nunca se consideran definitivas” (3).

A mí no me preocupa tanto desde el punto de vista profesional tener que avanzar en las hipótesis o lanzar un credo antes de hacer un proyecto. Prefiero que las ideas se vayan moviendo con libertad y luego, cuando el proyecto está terminado, está ya construido, al cabo de cinco años volver a repensar las cosas y entenderlas quizás mejor.

Lo que yo intento siempre en mis conferencias es explicar los edificios a través de una continuidad entre ellos: como si hubiera un trabajo que va pasando de un proyecto al siguiente y sobretodo, más que pasar de un proyecto a otro vuelve hacia atrás, es decir, que vas como avanzando no por edificios concretos sino con toda tu obra a la vez. Yo diría que esto nace de una manera de considerar que hasta ahora, siempre resulta difícil de hablar de ahora en adelante.

En este sentido entonces sí que volverías a métodos y disciplinas, que es una parte muy importante de nuestro trabajo, del esfuerzo de lo que has hecho, de lo que se ha terminado y al mismo tiempo de lo que estás haciendo, de lo que está en proceso. El esfuerzo de lo que has hecho atrás continúa interesándote. Yo creo que, desde un punto de vista conceptual, tengo que darle vueltas y empezar a pensar cómo lo veo ahora, volverlo a interpretar, no dejar simplemente el proyecto como una especie de cosa que se abandona.

“En algunos momentos, el proyecto toma vida propia. Se transforma entonces en un animal voluble, de patas inquietas y ojos inseguros” (4).

Tu obra va avanzando con la opinión que tienes de ella. En ese sentido, yo diría que me muevo con más libertad pese que al final el proceso de Arquitectura es difícil que encuentre soluciones con otra Arquitectura.

Escuchando a Miralles reflexiono sobre la necesidad de dar forma a lo aparecido en nuestra mente (con una estructura inmaterial imperfecta) impulsivamente. La Arquitectura es la segunda variante de la capacidad de lenguaje en Miralles.

Quien mejor sabe hablar de cómo piensa es un literato, para quien la palabra misma es su instrumento de trabajo, quien mejor sabe describir las obras con mayor precisión.

Siempre me han impresionado los poetas. Cómo sienten necesario hacer antologías de sus obras. Cuando ves a un poeta recopilando su trabajo constantemente, por ejemplo, las antologías fantásticas de Gerardo Diego, de estos poetas que van como redescubriendo, reordenando. Y en este sentido yo diría que las antologías se pueden usar como modelos formales de este tipo de trabajo. Entonces ahí sí que lógicamente el razonamiento disciplinar es muy importante pero lo es desde un punto de vista curiosamente muy personal, muy secreto, no como un argumento que permite a la obra estar en la realidad.

Yo siempre he considerado que la Arquitectura la hacemos presente con nuestra propia obra. El Presente es muy denso. El Presente son muchas generaciones y no puedes tomar un Presente ligado a tu edad. Yo siempre he tenido el papel de ser el más joven de mi generación. Pero estás siempre interesado por un paquete muy amplio. Es decir, si piensas siempre parece que el presente está relacionado con la época de formación, en cambio si te planteas cuál es el Presente de un arquitecto como Alvaro Siza puede tener en este momento, por un lado su formación, pero en cambio está el esfuerzo de Siza por estar siempre presente.

“Siempre he hablado de la idea de presentidad. Presentidad para mí es la cualidad de un espacio que se mantiene transgresor de la tipología y de la Arquitectura por un largo periodo de tiempo” (5).

Si una impresión hiciese sentir que la obra de Miralles es más de lo mismo, o que su obra ha perdido la fuerza que destilaba en sus primeros tiempos debería rechazarsela porque sería una falacia.

Yo quiero que la gente que aprende conmigo sea consciente del momento en que está y no de qué Arquitectura tiene que hacer. Tienen que ser conscientes del momento en que están y de las posibilidades que hay a su alcance y tener una cierta conciencia crítica de lo que hacen. Yo creo que ésta es la mejor manera de acercarse a la profesión antes que pensar que una cierta referencia estilística les puede dar el camino de entrada.

Si se tuviese que establecer una analogía cinematográfica podría compararse a Enric Miralles con Federico Fellini y, por consiguiente, decir que éste, al igual que el cineasta de 8 1/2, no hace un proyecto (película) sino que todos sus proyectos (películas) es uno (una) solo donde nos cuenta su vida. Si la mirada es sensible puede pecibirse una continuidad. Un desarrollo inevitable.

Lo real es que nos encontramos con una arquitectura más humana que precisa del estímulo auténtico, a la que podemos considerar como el punto opuesto a lo cool . A través de la obra de Miralles, podemos empezar a gozar de la poesía del Arquitecturar, de una arquitectura desgarrada y enervada . Una arquitectura que nunca termina de construirse y que goza de sus imperfecciones.

notas

 

1
Entrevista con Enric Miralles realizada en su estudio de Barcelona (España) en el mes de julio de 1996. Ha aparecido publicada en la revista española Transversal, n. 4, noviembre 1997.

2
QUETGLAS, Josep. No te hagas ilusiones. El Croquis, Madrid, n. 42, 1991.

3
EISENMANN, Peter. In ZAERA-POLO, A. Una conversación con Peter Eisenman. Madrid, El Croquis, n. 83, 1997.

4
BRONER-BAUER, K. La arquitectura y la cebolla. Modelo de la realidad (entrevista con Reima Pietilä), Fisuras, n. 2, enero 1995.

5
SIZA, Alvaro. Construir. In: C. Muro (ed.) Escrits. Barcelona, UPC, 1995.

6
EISENMANN, Peter. In ZAERA-POLO, A. op. cit.

sobre los autores

Fredy Massad (Buenos Aires, 1966). Arquitecto por la Universidad de Buenos Aires (UBA), graduado en 1993. En esta misma universidad ejerció la docencia en el área de Morfología. En 1996 funda ¿btbW en España, donde reside desde ese año.

Alicia Guerrero Yeste (Lleida, España, 1974). Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Lleida (España).En 1996 funda ¿btbW.

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